«No voy a parar nunca»: Fundó una ONG que lucha contra la desnutrición infantil en el norte del país

Pata Pila significa pies descalzos. Es una forma de sentirnos iguales. Diego Bustamante entiende que cuando estás descalzo sentís mejor la realidad. Si arde, pincha o duele. 

Diego es el fundador de Pata Pila, una organización sin fines de lucro que trabaja para resolver problemas de familias que viven en situación de pobreza extrema y estructural en comunidades originarias de Salta y barrios o asentamientos en San Rafael, Mendoza. Ya son más de 1300 familias que recibieron la asistencia profesional de la organización. 

“En mi adolescencia empecé a descubrir que a mi alrededor pasaban cosas”, contó Diego y recordó que los primeros pasos fueron con la iglesia, repartió comida a las personas en situación de calle. Y asegura que cuando conoció el norte del país se le transformó el corazón.

Pata Pila trabaja con 75 profesionales

Significó un choque cultural porque conoció una realidad muy distinta con “un nivel escandaloso de pobreza estructural”. Recordó que le provocó mucho dolor no poder entender cómo tantas familias podían vivir sin acceso al agua, sin luz, gas ni vivienda. Sin oportunidades. 

Esa experiencia le permitió también conocer gente muy valiosa, culturas originarias tan importantes con una dimensión medioambiental sobre, por ejemplo, el monte chaqueño, una de las masas forestales más grandes de América del Sur.

“Me siento un privilegiado de hacer lo que hago. Y estoy dispuesto a entregar mi vida entera, no voy a parar nunca”

Diego atesora miles de historias impregnadas de fuertes emociones en este camino. “Escuchar que la gente no tiene para comer. O acompañar la muerte de niños, eso fue duro. Y no fue una vez, fueron muchas. De hecho, este año en el norte de Salta murieron 75 niños”, contó y reflexionó que hoy tiene otra comprensión de lo que pasa en esa realidad y de lo que hay que hacer. 

La ONG busca el empoderamiento de la mujer

El joven que desplegó su niñez en Recoleta tomó la decisión de involucrarse de lleno y empezó con un proyecto en una comunidad guaraní donde vivió, cerca de la frontera con Bolivia. “Hoy Pata Pila creció y estamos en 70 comunidades”, destacó y contó que 75 personas son las que trabajan en la organización. Médicos, nutricionistas, psicopedagogas que se ocupan de atender casos de desnutrición. 

“Se rompió la lógica de la solidaridad para entender que esto es inversión social, cambio cultural, que son derechos humanos. Se transformó esa idea mística y amorosa. Esto es justicia social”, definió. 

Las comunidades fueron muy receptivas con Diego, le ofrecieron mate de inmediato. Recuerda que también lo miraron de reojo porque se trataba del ‘blanco’ que llega de afuera. Por eso, dice que entró con cuidado y respeto, siempre poniendo a las personas en el centro. Comprobó con el tiempo que las ideas de escritorio se rompen en pedazos en el territorio para volver a gestarse. 

La ONG está en Salta y Mendoza

Pata Pila tiene seis centros en Salta y uno en Mendoza. Y Diego señaló que “es infraestructura concreta con profesionales que viven en el lugar y atienden los casos de desnutrición acompañando el empoderamiento de la mujer. También colaboramos con los emprendimientos, la gestión de microcréditos y ser el puente entre el Estado y la realidad social”.

Vive en Gualeguay desde 2015 y, si bien el camino fue complejo, no tiene dudas de la decisión que tomó cuando conoció la impactante realidad del norte del país.  “Me siento un privilegiado de hacer lo que hago. Y estoy dispuesto a entregar mi vida entera, no voy a parar nunca”.

(Escucha parte de la entrevista radial con Diego)