Por Lorena Direnzo
“Un mismo plástico se reinventa y no genera plástico nuevo”. Ese es el lema de Francisco Martinenghi, un neuquino de 34 años que impulsó el proyecto Punto Verde Gráfico con la idea de mirar los residuos no como descarte sino como materia prima para construir algo más.
Durante sus siete años de experiencia como diseñador gráfico, Francisco nunca pudo asimilar la gran cantidad de desechos que genera el rubro: residuos en cantidad y una contaminación excesiva. Ahí puso el ojo y decidió reinventarse en la actividad el año pasado. El eje fue reutilizar el desecho para que vuelva a ser materia prima.
“Hacía tarjetas, remeras, cartelería y no podía creer la gran cantidad de residuos del rubro, ya sea de vinilo, de plástico o de pintura. Era inquietante, pero a la vez me parecía que podía encontrarle una vuelta”, comentó.

“Como imprimimos y generamos muchos productos de comunicación visual, lo enganché con el concepto de las Tres B”, explicó a Cambian el Mundo, en alusión a las compañías que buscan un “triple impacto” —social, ambiental y económico— y que se certifican para demostrar su compromiso con la comunidad y el medio ambiente, más allá de las ganancias.
Mientras tanto, se capacitó con la Fundación Empretec, que brinda programas destinados a titulares de pymes y emprendimientos orientados a incorporar buenas prácticas de gestión e impulsar procesos de innovación.
El primer paso fue reutilizar botellas plásticas para transformarlas en filamento —material flexible y resistente— para impresoras 3D, mediante un proceso manual de corte y extrusión, un procedimiento industrial que consiste en empujar un material —plástico, metal o cerámica— a través de un molde con una forma específica para crear objetos con una sección transversal definida y continua.

“Habitualmente se compra PET, un plástico más firme y noble, para usar en las impresoras 3D. Usás un material que termina en la basura. Con el plástico reutilizable empecé a personalizar productos mediante esta materia prima, que es ecológica”, describió.
Fascinado, descubrió que de una sola botella de gaseosa de 2,25 litros podía obtener más de 11 metros de filamento, que rendían entre seis y siete horas de impresión. “Con una botella de Sprite saqué 11 metros de filamento, con los que hice dos marcos de anteojos y otros productos”, contó orgulloso.
Por otro lado, aprovechó también las tapas de esas botellas para hacer placas plásticas a través de la termofusión. “Permiten hacer cortes con CNC, un torno que les da forma. A la vez, me quedaba la bolsa donde llevaba la botella y decidí darle utilidad a todo. Así armé una especie de tela plástica. Se trata de dominar el material y aplicarlo a buenas ideas de impacto social para que vuelva a convertirse en producto. El descarte de residuos es constante y evidente, y faltan políticas que acompañen proyectos como el mío”, lamentó.

De manera permanente, señaló, se descarta materia prima que podría servir para hacer lonas para carpas. Creó carteles ecológicos para el camping Amigos de lo Natural y también juegos didácticos reciclados. “Las chicas de Gran Mate me pidieron un prototipo de barrica con plástico reciclado para exportar a otro país. Así, de a poco, empiezan a surgir todo tipo de ideas y propuestas. Esto es infinito”, opinó.
De a poco, Francisco también avanzó en la reutilización de baterías de computadoras y desechos electrónicos, combinándolos con plástico reciclado para crear productos de menor impacto ambiental. “Con gente de reciclaje electrónico sacamos baterías de notebooks para hacer linternas o recargas de celulares”, comentó.
La base fue usar aquellos recursos que sobraban y que terminarían en la basura. “Un conocido mío, por ejemplo, vende sustrato orgánico y necesitaba embolsarlo. En esta reinvención del plástico encontré que, si junto varias bolsas amarillas de Mercado Libre y las termofusiono, se hace una tela plástica con la que se pueden fabricar bolsas con cierre o cartucheras”, especificó.

Francisco logró integrar el diseño gráfico, el arte de manipular un objeto y la oferta de un servicio de gráfica sustentable. “El objetivo es darle continuidad y volumen a todo esto. Es prometedor. Muchos rubros generan grandes volúmenes de residuos, pero esto pasa desapercibido. Por suerte, cada vez hay más conciencia. En Europa todo esto crece. Hay que compartirlo y contagiarlo”, señaló.
Recientemente accedió a financiamiento del programa Impacta Neuquén. El crédito de 14 millones de pesos será destinado a la adquisición de maquinaria para aumentar la producción y a fortalecer el marketing digital, con el fin de consolidar una marca sustentable.
“Este programa de impacto apunta a financiar ideas y, de esta forma, con esta inversión puedo hacer crecer mi emprendimiento porque pienso comprar una trituradora industrial, una cortadora CNC y una cortadora láser”, consideró este muchacho, que tiene montado su taller gráfico en su casa aunque aspira a abrir un lugar más grande en el futuro.

El programa Impacta Neuquén, del gobierno provincial y Pluspetrol, seleccionó 15 emprendimientos que impulsan proyectos de triple impacto —económico, social y ambiental— en distintas localidades de la provincia. Cada propuesta recibirá un aporte de 14 millones de pesos, totalizando una inversión de 210 millones.
Más de 360 personas participaron del proceso, que incluyó instancias formativas en modelos de negocios sostenibles. De los 97 proyectos presentados, 25 accedieron a capacitación intensiva y certificación internacional avalada por Naciones Unidas. En el tramo final, 15 pasaron a la instancia definitiva para recibir financiamiento.












