Trabajó desde chico en la cosecha de morrones y hoy lucha contra el abandono escolar

Lorena Direnzo

«Mi mamá me decía que se aprende trabajando, pero que no toda la vida es el campo». Cuando Agustín Robles Paredes transitaba el séptimo grado, con apenas 12 años empezó a trabajar en la cosecha de morrones. Este joven que hoy tiene 21 años nació en El Carmen, en Jujuy, y hoy integra un programa de la Asociación Conciencia que tiene el desafío de ayudar a otros chicos para que terminen sus estudios.

«Fue algo inesperado. Un día que iba a pescar, me crucé a unas señoras que habían arrendado un campo y me ofreció ganar un par de pesos. Mi primera intención fue ayudarlas, pero cuando me pagaron 100 pesos por 4 horas, decidí empezar a trabajar para ayudar a mis papás», cuenta Agustín que tiene cinco hermanos por parte de su madre y dos, por parte de su padre.

Ese primer dinero, recuerda, lo invirtió en golosinas. Cuando tomó la decisión de frecuentar el campo para aportar dinero a su familia, sus padres le dijeron que preferían que siguiera sus estudios, pero Agustín ya estaba decidido. Trabajó algunas semanas y retomó la secundaria. Aunque no le iba del todo bien con las materias, perseveró. Repitió de año y comenzó a hacer algunas changas, como llenar los maples de huevos.

Agustín contó que en su provincia, muchas familias llevan a sus hijos a las cosechas. Puede resultar una cuestión cultural o simplemente, económica. Su madre siempre le insistió en la importancia de estudiar, de quedarse en la casa o jugando al fútbol con los chicos del barrio. En todo momento, le recalcó que «en el campo no había nada para ellos y que el futuro se iba a descubrir en la escuela».

Equipo de trabajo de Conciencia

Agustín lo intentó una vez más. Volvió al colegio y pasó a segundo año. Lo sorprendió, como a todos, la pandemia por Covid-19. «Conseguí trabajo en una tabacalera que me permitía sostener mis estudios. Cosechaba tabaco durante 8 horas y había que aguantar el dolor de la cintura porque todo el tiempo te agachás. De pronto, me di cuenta que me estaba perdiendo de muchas cosas, como jugar o conocer gente nueva, veía que algunos conocidos terminaban la escuela y sabían de cosas, como historia o matemáticas que yo no entendía. Me picó el bichito y empecé a preguntarme cómo recuperar el tiempo perdido«, recuerda.

De alguna forma, casi de casualidad, conoció el programa El Porvenir de la organización Conciencia que le permitió terminar sus estudios. «Me animaron, me ayudaron los útiles y a pagar las inscripciones», acota. Finalmente, lo que parecía imposible llegó: en 2024 terminó la escuela secundaria con el mejor promedio de su clase y fue escolta.

Trabajo infantil en el norte

El programa Porvenir se puso en marcha hace más de 20 años como una estrategia para prevenir y erradicar el trabajo infantil y adolescente en el sector tabacalero, haciendo foco en el acceso a derechos de los niños y adolescentes de Salta, Jujuy y Misiones. Especialmente de aquellos chicos que trabajan en fincas o chacras.

Actualmente el programa ofrece becas para terminar el colegio, acompañamiento a los adolescentes desescolarizados, planes de mejora de las fincas para los productores, acompañamiento familiar integral que consisten en visitas a las familias rurales para poner el foco en la educación y el acceso a derechos y, la puesta en marcha de centros de cuidado durante el verano.

El objetivo del programa es erradicar el trabajo infantil

Después de haberlo logrado, Agustín colabora con la Asociación Conciencia. Recorre las fincas y habla con las familias trabajadoras, preguntándoles qué necesitan. Ofrece apoyo escolar para sus hijos, e incluso para los adultos que quieran terminar la secundaria. «También hacemos actividades y talleres en el verano para que los chicos no tengan que acompañar a sus padres a trabajar en el campo», explica orgulloso.

La intención de este jujeño es seguir ayudando como, en su momento, lo ayudaron a él. «Quiero decirle a los chicos que hay más opciones que el trabajo en el campo, que confíen en ellos, que tengan sueños. Que es posible», añade.

Trabajo rural

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 1 de cada 10 niños y niñas en Argentina trabajan. De ese total, se estima que el 5,37% lo hace en la zona urbana; ese porcentaje alcanza el 9,36% en la zona rural.

La mayor incidencia se observa en las regiones del noroeste y noreste argentino y los valores se duplican en el campo. En las zonas rurales de Salta, Jujuy y Tucumán, el 13,6% de los niños y niñas de 5 a 15 años trabajan; en tanto, el porcentaje de adolescentes de entre 16 y 17 que lo hacen es aún más alto, llegando al 36,8%.

Agustín quiso aportar algo a su comunidad y lo logró.

La Organización Mundial del Trabajo (OIT) define el trabajo infantil como “todo trabajo que priva a los niños de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico”. Muchos niños dejan de lado los estudios por el trabajo y, al no tener conocimientos básicos, resulta complejo que consigan un trabajo digno en su adultez.

El trabajo infantil en una familia en situación de pobreza representa cerca del 10 por ciento del ingreso, según la Iniciativa Regional América Latina-Caribe Libre de Trabajo Infantil. Pero si ese niño no puede ir a la escuela, la falta de educación escolar hará que, a mediano y largo plazo, ese ingreso familiar se reduzca en un 25 por ciento, por las limitaciones de la falta de educación escolar.

«El trabajo infantil es una problemática multicausal en la que existen factores culturales, sociales, económicos y fundamentalmente de falta de acceso a derechos. Nuestra perspectiva es que la forma mas eficaz de prevenir el trabajo infantil es trabajar con la calidad de vida de las familias y el acceso a derechos fundamentales», especifica Salomé San Martín, líder del Eje Comunidad del programa a Cambian el Mundo

Advierte que actualmente, no hay niños ni adolescentes en situación de trabajo infantil en el programa ya que «por el tiempo que se viene acompañando a la población, la problemática se ha reducido significativamente. Cualquier alerta que se identifica es abordada por el equipo territorial y se trabaja tanto con la familia como con el productor».

La problemática del trabajo infantil descendió gracias al programa

Sobre la situación puntual de Agustín, cuenta que «vivía con su familia en una de las fincas en las que trabajamos hace muchos años. Había abandonado la escuela y el programa lo incentivó a terminar sus estudios. Actualmente es uno de los miembros de nuestro staff por su profundo conocimiento de la realidad de los adolescentes en las fincas».

El mensaje del joven es sencillo y contundente: «Hoy le diría a todos aquellos chicos que dudan en trabajar que no dejen la escuela. El campo no es nada lindo. Es muy sacrificado trabajar ahí. Me enseñó muchas cosas, pero entendí que el camino es el estudio. El día de mañana me gustaría ser militar. Tener ese traje verde», plantea.