Por Lorena Direnzo
Cuando Ainara Fernández García quedó embarazada, lo primero que le advirtieron fue que gastaría un dineral en pañales durante los primeros dos años. Quizás tres. Tanto ella como su pareja Sara son usuarias de la copa menstrual y se plantearon si el pañal tradicional de plástico era la mejor opción a nivel económico y para la piel del bebé. Se dieron cuenta que no.
«Indagamos en nuestro entorno y nadie usaba pañales de tela reutilizables. Compramos un montón de marcas externas para probar. Nos gustaron tanto que terminamos regalando nuestros pañales desechables a otras embarazadas», confió la mujer, desde Barcelona en diálogo con Cambian el Mundo. El entusiasmo fue tal que, durante el posparto, Ainara propuso a Sara generar una marca de pañales.
Ninguna tenía experiencia en el rubro textil. Una estaba abocada a la mediación comunicativa con personas con discapacidad; la otra era profesora de secundaria (y sigue ejerciendo). De modo que el emprendimiento arrancó de cero.
«Probamos muchos modelos, muchos materiales y patrones. Yo tenía la idea de una marca unisex muy diferente de lo que existía en marcas infantiles. Queríamos salirnos del diseño clásico de bebés con algo más animado y divertido», reconoció y añadió: «La idea fue hablar de cacas, pero con humor». Por eso, más allá del desafío de armar un pañal reutilizable e impermeable, estas españolas se plantearon correrse de los colores más suaves de las marcas tradicionales, como el blanco o beige, y jugarse con diseños más atrevidos.

Elección ecológica
Por lo general, un bebé usa un promedio de 5 pañales por día, unos 35 por semana. Una bolsa de 48 unidades dura 10 días aproximadamente y tiene un valor de 17 mil pesos. Esto representa 51 mil pesos mes.
Ainara advirtió que hay estudios que indican que, en Sudamérica, los niños usan menos tiempo el pañal. «En Europa es cada vez más prolongado su uso y se puede estirar hasta los 3 o 4 años. Dicen que la idea es respetar el proceso madurativo hasta que el niño decida dejar el pañal», relató. Pero aclaró que el pañal de plástico hace que el pis se seque de inmediato y al no notar la humedad, «el niño se retrase en el control de esfínteres».
Según las estimaciones, un niño de dos años y medio habrá usado alrededor de 6 mil pañales desechables lo que representa 2.000 euros (casi 3,5 millones de pesos). Y a su vez, esto representa cerca de 1 tonelada de residuos plásticos y un proceso de degradación que puede superar los 500 años.
«Además, las compresas de plástico -toallitas femeninas- y los pañales de plástico son dos de los grandes contaminantes a nivel mundial. Duran pocas horas y se desechan. Un pañal desechable dura 3 horas y se tira; uno reutilizable puede durar tres años o más. Siempre es más ecológico», sentenció.

El camino hacia Poo Poo Tras
En solo un año, las mujeres desarrollaron un producto que probaron en Hulu, su propio bebé. Así nació Poo Poo Tras que ofrece un pañal ajustable que puede usarse desde los primeros meses hasta que el niño aprende a ir al baño. «Hicimos un modelo que lo dimos a probar en diferentes familias para ver qué opinaban. La parte de afuera es como un poliéster, tiene diferentes capas y es impermeable, gracias al uso de botellas de plástico recicladas y tejidos específicos para evitar irritaciones», describió Ainara.
Los pañales tradicionales, advirtió, suelen irritar la piel del bebé (especialmente al principio cuando nacen). «Les solemos poner plástico durante 24 horas sin que la piel pueda transpirar. Lo que hacemos es quemar la piel. Los reutilizables, en cambio, son transpirables y no irritan», aclaró.
Si bien esta iniciativa tiene cada vez una mayor aceptación, también abundan los negacionistas. Y están quienes se rehúsan a lavar pañales a mano. La indicación es que después de su uso, se los puede almacenar en una bolsa durante dos o tres días hasta poner el lavarropas. Con dos a la semana, aseguran, cubren las necesidades del bebé.
La marca se vende principalmente ‘on line’ y poco a poco, va teniendo presencia en ferias, mercados y tiendas. Cuando Ainara se topa con familias reacias a los pañales reutilizables, les recomienda combinar ambos métodos: «No hace falta que todo sea blanco o negro. Les sugerimos comprar unos pocos para probar, por ejemplo, los fines de semana. Si les gusta, pueden comprar más. De esta forma, también se reduce el impacto al planeta», apuntó.

Y puso como ejemplo la copa menstrual que, en un primer momento, generaba reticencias y hoy su uso está extendido, especialmente entre las más jóvenes.
También sugirió que «el pañal de tela, incluso, es mejor para el control de esfínteres. El niño siempre va a dejar antes el pañal con tela que el de plástico».
Varias ventajas en un mismo producto
Entre los adeptos a los pañales de tela están quienes bregan por una alternativa más ecológica. «Es verdad que el pañal de plástico es más práctico porque se usa, se tira y listo. Pero no es mejor ni para el planeta, ni para nuestros bebés ni para nuestros bolsillos. Con el sacrificio de dos lavadoras semanales mejoramos todo», consideró.
Ainara entiende que traer un hijo al mundo es una gran responsabilidad lo que implica replantearse muchos aspectos. «Me hace feliz aportar al mundo. Como persona, madre y mujer duermo tranquila», concluyó.












