Farmacia Viva, el jardín experimental donde se cultivan y se estudian plantas medicinales

Por Lorena Direnzo 

La intención fue que los alumnos “vuelvan a la fuente”, a la planta como materia prima de la mayoría de los medicamentos. De esta forma, «Farmacia Viva» se convirtió en un laboratorio a cielo abierto de plantas medicinales de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad Nacional de Rosario, donde hoy confluye la formación profesional de los futuros farmacéuticos, la investigación botánica y un trabajo basado en saberes comunitarios.

«Trabajamos con plantas que se usan con fines terapéuticos para la salud. Desde el área, investigamos la base científica de muchas especies que se han usado folclóricamente», definió María Victoria Rodríguez, profesora adjunta de Biología Vegetal e investigadora adjunta del Conicet.

Pero el término «Farmacia Viva» no nació en la provincia de Santa Fe sino que se gestó en Ceará, Brasil, con la meta de producir medicamentos herbales de calidad, seguros y eficientes, a partir de plantas medicinales validadas. Además de ofrecer una opción terapéutica, se pretendió desarrollar trabajos educativos sobre el correcto uso de plantas medicinales. Así, surgieron varios programas en todo Brasil. Y ese trabajo se fue propagando hacia otros países.

«En 2020, antes de la pandemia, el Centro Agroecológico de Rosario, que depende del Municipio, nos pidió que identifiquemos algunas de las especies cultivadas en su predio. Como cátedra, junto a la profesora titular María Laura Martínez y María Noel Campagna, hicimos la identificación botánica de algunas especies medicinales», detalló Rodríguez.

Así comenzaron a vincularse con huerteros de Rosario que fueron aportando datos sobre el saber popular respecto al uso de algunas especies medicinales. «Recolectamos algunas especies que tenían, las analizamos en laboratorio con ciertas técnicas y las identificamos, intercambiamos ideas y saberes para armar una guía, una especie de catálogo, que llamamos Santo Remedio y que hoy se puede descargar por internet», dijo.

Pero el proyecto fue más allá. A través de la Secretaría de Extensión, estas tres docentes consiguieron un predio en la parte trasera del edificio de la facultad ubicado en la calle Suipacha 570, que se comunica con la Facultad de Medicina. En ese rincón verde comenzaron a sembrar plantines y semillas del Centro Agroecológico. El espacio fue creciendo poco a poco al punto de alcanzar las 60 especies de plantas medicinales. Sin embargo, advierten que «todo es dinámico: hay especies vegetales que están y otras que no».

Los datos de la Organización Mundial de la Salud arrojan que más del 80% de la población mundial recurre a diversas formas de medicina tradicional, incluyendo productos derivados de plantas.

La diversidad del predio es notable, incluyendo lavanda, romero, caléndula, melisa, cúrcuma, valeriana y diente de león. Tampoco faltan la marquesa, menta, citronela, cedrón, taco de reina, pasionaria, malva y salvia, entre otras. «Hacemos investigación científica que avala el uso de algunas especies. Trabajar con una planta medicinal requiere conocer con absoluta certeza su identidad botánica, sus características y la forma de producción”, detalló Rodríguez.

Este conocimiento es fundamental puesto que múltiples factores -como las condiciones exactas de cultivo, cosecha y almacenamiento- pueden afectar sustancialmente la composición química del vegetal y, por ende, sus propiedades terapéuticas.
“Los químicos que producen estas plantas dependen del medio ambiente (por ejemplo, si llovió mucho o no). Una planta, para surtir un efecto, debe crecer bajo determinadas condiciones. Por eso marcamos estándares: luz, riego, cultivo y almacenamiento”, señaló.

El equipo de la universidad se enfoca en asegurar la calidad botánica y la calidad química. Las tareas de identificación no son insignificantes ya que requieren complejos estudios morfoanatómicos e histoanatómicos que validan científicamente la especie.“La idea es darle un respaldo científico a todo eso, porque tenemos que desterrar la creencia de que, por ser plantas son totalmente inocuas”, recalcaron las especialistas. Es crucial, insistieron, que el consumidor y el profesional sepan lo que se está tomando, en qué dosis y bajo qué controles fue producido, garantizando que el material sea no tóxico y plenamente efectivo.

Cartelería y riego por goteo

A través de un subsidio de la Universidad Nacional de Rosario se instaló cartelería para identificar a las especies que, a su vez, cuenta con un QR que conduce al catálogo de Santo Remedio para acceder a información vinculada a los usos y la forma de cultivo.

Rodríguez aseguró que no hay otro modelo como el de la facultad igual en el país. Si bien la Sociedad Argentina de Botánica impulsa jardines botánicos desarrollados, no abordan este concepto de Farmacia Viva. Por eso, la idea es replicar el programa en otras zonas de Rosario y del país.

«La finalidad es educativa. Durante la cursada de Farmabotánica, usamos este lugar como un laboratorio a cielo abierto para que los chicos puedan estudiar las plantas en su hábitat, analizar los morfotipos, cómo una misma especie reacciona a la sombra y al sol y cómo cambia, evaluar las especies más sensoriales (el aroma de algunas especies, a veces, queda en la mano; otras veces hay que romperlas para sentirlo)», indicó.

Insistió en que más allá de la identificación de las plantas medicinales y de su correcto uso, se trata de que los alumnos conozcan la calidad botánica de la materia prima y llegar hasta un producto herbario medicinal final.

El mantenimiento del espacio conlleva mucho tiempo y dedicación. No solo se trata de sembrar sino de cortar el pasto y arrancar los yuyos que van creciendo, tarea que hay que hacer a mano. También hay cámaras de cultivo donde crecen los plantines con luz y temperatura controlada. En un principio, los mismos profesores se encargaban de regar las plantas; ahora cuentan con un sistema de riego por goteo. «De a poco -añadió Rodríguez-, se va generando infraestructura para sostenerlo; si no es difícil».

Las plantas no son inocuas

La recolección de especies requiere de «un cierto criterio», advirtieron las especialistas, como, por ejemplo, no arrancar las aromatizantes de la raíz. «Basta con recolectar la parte aérea y dejar la raíz para que rebrote. Además, el principio activo de la planta que uno usa como materia prima debe estar estudiado y tener un control de calidad. Los principios activos que tienen un efecto terapéutico dependen mucho de la condición climática en la cual estuvo la planta. Quizás fueron años de mucha lluvia», especificó Rodríguez.

Sugirió no romantizar las plantas y desterrar mitos: «Hay que tener mucho cuidado cuando uno ingiere una planta medicinal porque tiene un montón de químicos, algunos benéficos y otros no. Con el auge de lo natural, se piensa que todas las plantas son inocuas. Pero no lo son. Por eso, hacemos mucha hincapié en que la gente no se automedique». Recordó muchos casos de intoxicaciones, en especial, en niños.

«Nuestra función es aportar una base científica a ciertas especies medicinales que tomamos de saberes populares, pero a la vez, generar una cuota de conciencia de no tomar cualquier cosa y recurrir siempre a un profesional porque las especies medicinales pueden ser antagonistas de otros medicamentos que se hayan recetado previamente», mencionó.

Rodríguez admitió que los estudiantes por lo general se enganchan con la propuesta de Farmacia Viva porque marca, de alguna forma, una ruptura en la carrera. «Farmacia es la parte de Salud y en este caso, abordamos la cuestión vegetal. El desafío es generar conciencia como futuros profesionales farmacéuticos de lo que la ecología puede aportar. También recibimos estudiantes de la carrera Biotecnología», dijo.