Nueva longevidad: empezó a nadar a los 64 y hoy es campeona mundial a los 90

Por Lorena Direnzo

Después de esa última brazada, Elena salió de la pileta olímpica en Singapur y miró el pizarrón que estaba algo lejos. La tabla era grande, pero no alcanzaba a ver sin sus lentes. Por eso, invitó a sus otras compañeras a acercarse para saber cómo había salido. En ese instante, supo que había ganado la medalla de oro. Con sus 90 años, Elena Placci era campeona mundial de natación en el sudeste asiático.

Recibió una medalla grabada con la frase «Water Shapes Us» que, en español significa «El agua nos da forma». Y es, en parte, lo que representó la natación para esta mujer: un estilo de vida y una forma de proyectarse para seguir creciendo en la vida, incluso cuando ya era una adulta mayor.

«Me hicieron subir al podio para colocarme la medalla. Me sentí muy orgullosa. No había nadie de mi familia porque ese viaje ya de por sí era bastante caro. Ellos están muy orgullosos pero también acostumbrados porque siempre vuelvo con alguna medallita. Son muy amables igual», señala la mujer.

El oro lo consiguió en el World Aquatics Masters Championships

En esta oportunidad, esta cordobesa oriunda de Río Cuarto cosechó dos oros (en 100 y 200 metros libres) y tres diplomas de cuarto puesto (en 50 metros espalda, 50 metros crol y 100 metros espalda). Sus otras tres rivales eran de Taiwán, China y Francia. La mujer explica que «al tener más edad, hay menos rivales».

Solo pudo competir en crol y espalda porque, debido a la escoliosis, el médico le impidió hacer estilo mariposa -su preferido- ya que requiere mucha fuerza; en tanto una lesión en la rodilla derecha le dificulta el estilo pecho.

Elena empezó a nadar cuando cumplió 64 años. Ya estaba jubilada como profesora de inglés, sus tres hijas ya eran grandes y, su mamá, a quien tenía a cargo, había fallecido. Antes, aclara, no tenía tiempo. Decidida acudió a la pileta del Círculo de la Fuerza Aérea en Córdoba. El entrenador le pidió que se tirara a la pileta e hiciera 25 metros en el estilo que quisiera. No se tiró de cabeza sino que bajó por la escalerita de la pileta y arrancó con crol, seguido por espalda y pecho.

Elena asegura que hacer amigos en estas competencias es lo más gratificante

El entrenador la observó con detenimiento y le sugirió que buscara un profesor para aprender la técnica. Elena nadaba, pero lo cierto es que había aprendido mirando. Después de tres meses de pulir los estilos, la mujer ingresó al grupo de máster. Entrenaba todos los días, pero los sábados y domingos también optaba por meterse a la pileta.

Ese mismo año que arrancó los entrenamientos, la invitaron a un torneo en Rosario. Decidió anotarse, pero tuvo que aprender a tirarse de cabeza y a dar la vuelta cuando llegaba al tope de la pileta. Le siguió otro torneo en Florida, Estados Unidos, al que también concurrió. Esa adrenalina de la competencia, reconoce, le apasiona. «En esa ocasión, hace 20 años, conocí a una nadadora mexicana que hoy tiene 89 años. Seguimos escribiéndonos. Para eso también sirve la natación: para hacer amigos. En estos años, he conocido mucha gente. Cuando se hacen postas, los grupos terminan siendo muy solidarios», comenta. Poco a poco fue mejorando sus marcas.

En cada torneo, agradece «poder subirse al cubo» y la posibilidad de seguir entrenando. «Igual esto no es mágico: hay que tener coraje y disciplina», advierte. Luego, se concentra por completo en la largada y en cada movimiento de su cuerpo: cómo mete su mano en el agua, cómo la cierra -«mucha gente deja la mano abierta y ahí se pierde energía y velocidad»-, piensa cómo inclinar su cuerpo para ofrecer menos fuerza al agua y así, deslizarse más rápido. «Cuando estoy llegando debo contar las brazadas para llegar justo a dar la vuelta. Y después, los últimos 25 metros hay que darle como si te persiguiera un incendio», describe con fascinación. Y con sinceridad, advierte que «si bien cuando uno compite desconoce cuál será el resultado, el que diga que no quiere ganar es un mentiroso».

Elena no se detiene y se prepara para la siguiente competencia

«Cuando empezó a nadar, ¿imaginó que llegaría esta edad practicando el deporte y que incluso ganaría el oro?», se le consulta. «Nunca pensé en llegar a los 90, aunque mi papá llegó a los 93. En 2019 llegué a competir en el Mundial de Corea del Sur (que valió un tercer y cuarto puesto), pero después, con la cuestión de la pandemia estuve dos años sin entrar a la pileta», cuenta. En ese entonces, no supo si podría retomar el deporte. «Encima dejé de manejar porque me tuve que operar de la vista. A medida que uno va envejeciendo, te vas quedando con poca independencia personal. Van apareciendo todo tipo de dificultades físicas», lamenta. Sin embargo, decidió inscribirse en el Mundial de Singapur, bajo el lema «que sea lo que sea» para sí misma.

Explica que, para ser «categoría máster» debe estar federada y como tal, debe someterse a un control médico. «Es obligatorio para cada nadador y no está mal. Este año, un hombre murió de un paro cardíaco después de nadar 100 metros crol. Hay una mayor incidencia de morir de un ataque al corazón», reconoce.

Elena forma parte de la nueva longevidad, un camino que presenta muchos desafíos y lejos está de sentarse para esperar el final de la vida. «La expectativa de vida se está viviendo de una manera diferente. Lo que vemos es que la edad cronológica se vive de una forma distinta, con más salud, proyectos y ganas», señaló el médico Diego Bernardini, autor del libro La Segunda Mitad. Se especializó en adultos y personas mayores. Dejó la clínica para dedicarse a la academia, a escribir e investigar. Dice que hay que lidiar con el firme prejuicio que existe aún en torno al paso del tiempo. «La vida es envejecer y es necesario que aprendamos a hacerlo», definió

En estos años, Elena participó en 104 torneos y concentró unas 500 medallas que confluyen en las dos de oro de Singapur. ¿Cuál es la clave para llegar a esa edad con esa calidad física y mental? Elena plantea que es fundamental tener siempre un objetivo en la vida. «De joven quise estudiar idiomas para conocer lugares y lo logré. Hoy además de nadar, estudio literatura comparada y cerró el 2025 con un taller de memoria y de cine virtual. En sus tiempos libres, cuida de su casa, su jardín, su huerta y hasta elabora licores. «Si uno tiene curiosidad y salud, puede hacer cosas en la vida», asegura convencida.