Por Daniel Pardo
A los 23 años, Valentina Lobos Casco ya sabe con claridad hacia dónde quiere ir. Vive en La Plata, es ingeniera biomédica y sueña —y trabaja— para que la tecnología esté cada vez más al servicio de la salud. Su recorrido académico y su reciente tesis la llevaron a desarrollar un software innovador que hoy colabora con equipos médicos en la toma de decisiones quirúrgicas para pacientes con epilepsia farmacorresistente (EFR).
Recibida en diciembre de 2024, Valentina obtuvo en el último año varios reconocimientos por su trabajo final de carrera. Entre ellos, su proyecto “Software de visualización y optimización para estimulación cerebral pre quirúrgica en pacientes con epilepsia fármaco resistente” recibió una distinción en la terna finalista de Grado del Concurso Mejor Tesis de Ingeniería, otorgada por INVAP.
Pero el inicio de su camino no fue simple. «Me costó mucho decidir qué estudiar», recuerda en el programa Pausa que conduce Vivian ‘Lulú’ Mathis en El Cordillerano Radio. Le interesaban el diseño y la biología, aunque nunca se imaginó ejerciendo la medicina. La ingeniería biomédica apareció como ese punto de encuentro inesperado: un espacio donde combinar creatividad, programación y ciencia, sin estar en el centro de la escena clínica. «Me gusta estar en el detrás de escena en el ámbito médico. Nadie sabe que estamos, pero ayudamos», resume.

Ese rol silencioso y paciente, sin embargo, tiene un impacto profundo. Su proyecto se desarrolló en articulación con médicos del hospital de alta complejidad El Cruce, uno de los centros de referencia en el país. Allí conoció de cerca el trabajo clínico, los procedimientos y, sobre todo, a los pacientes. «Ver el estado en el que estaban fue muy movilizante. Entender qué rol estaba cumpliendo y cómo podía facilitar la situación cambió todo», cuenta.
La epilepsia fármaco resistente afecta a personas que no responden a tratamientos medicamentosos y pueden sufrir múltiples crisis por día, con una calidad de vida severamente deteriorada. En estos casos, la alternativa es una intervención quirúrgica compleja: se colocan electrodos intracraneales para registrar y estimular distintas zonas del cerebro con el objetivo de identificar el foco epileptógeno y evaluar si es posible removerlo.
Durante una o dos semanas, equipos interdisciplinarios —de hasta 15 profesionales— analizan información crítica bajo presión de tiempo. Muchas decisiones se basan en datos difíciles de visualizar. Allí aparece el aporte de Valentina. A partir de estudios de tomografía y resonancia, su software procesa e integra la información, aplica algoritmos y permite simular la estimulación cerebral, generando un mapeo que muestra cómo quedaría el cerebro tras esa intervención. «Es una herramienta extra para el médico, que facilita la toma de decisiones», explica.

Si bien existen desarrollos similares, su proyecto se destaca por permitir una simulación integral de la estimulación y su impacto. El trabajo implicó meses de investigación diaria en un laboratorio de La Plata, intercambios constantes con su director y otros becarios, y visitas al hospital para validar que el desarrollo respondiera a necesidades reales. «Los médicos a veces son reticentes a los avances tecnológicos, pero participaron. Fue muy enriquecedor».
Hoy, el software ya se utiliza en el Hospital El Cruce y se encuentra en etapa de validación de datos. Fue probado con tres pacientes, resultados con los que Valentina defendió su tesis. El objetivo ahora es ampliar la cantidad de casos y sumar nuevas funcionalidades.
Más allá del logro técnico, Valentina destaca el aprendizaje personal. «Descubrí lo que me gusta», dice convencida. En un camino donde la investigación requiere tiempo, método y paciencia, valora la importancia de leer, escribir, registrar ideas y aceptar que los procesos no son inmediatos. «Las cosas se aprenden con lapicera y papel», afirma.

Las frustraciones también forman parte del camino. «La tecnología genera ilusiones, y no siempre las cosas salen como esperás». Pero hay imágenes que resignifican todo. «Cuando fui al hospital y vi al paciente cansado, triste, sufriendo… esa frustración la usás como motivación».












