Por Daniel Pardo
Los Gauchos del Mar, Joaquín y Julián Azulay, llevaron el surf hasta uno de los territorios más extremos del planeta con un objetivo que excede la hazaña deportiva: visibilizar la necesidad de proteger el ecosistema antártico. La expedición quedó registrada en el documental Antártida – Dominio 1, que busca impulsar la creación de un Área Marina Protegida clave para la conservación del océano Austral.
Los hermanos Azulay viajan desde hace 15 años por distintos puntos del mundo combinando el surf con la realización de películas de contenido ambiental. En esta oportunidad, llegaron a la Antártida para apoyar la propuesta de creación del Área Marina Protegida Dominio 1. “Viajamos para ayudar a que este proyecto se concrete y para que más personas entiendan por qué es tan importante”, explicó Julián.
El proyecto Dominio 1 es impulsado por Argentina y Chile en el marco de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), un organismo internacional integrado por 26 países y la Unión Europea, donde las decisiones se toman por consenso. Según señalaron los protagonistas, la iniciativa ha sido bloqueada de manera reiterada por Rusia y China, lo que dificulta su aprobación. En ese contexto, consideran fundamental generar conciencia pública y presión social.

Las áreas marinas protegidas cumplen un rol central en la mitigación del cambio climático y en la regulación de actividades humanas como la pesca industrial, especialmente la del krill, un pequeño crustáceo que constituye la base de la red trófica del ecosistema antártico.
La expedición de Los Gauchos del Mar se desarrolló en las Islas Shetland del Sur y la Península Antártica, donde exploraron, documentaron y surfearon en condiciones extremas. “Cuando estás en la Antártida te das cuenta de lo pequeños que somos”, reflexionó Julián. Relató que navegaron en un velero de 60 pies que, frente a la inmensidad del paisaje, parecía una cáscara de nuez. Durante el viaje atravesaron tormentas con vientos de hasta 90 nudos que pusieron en riesgo a la tripulación.
Uno de los aspectos más impactantes del recorrido fue la observación directa de los efectos del cambio climático. “Lo vimos con nuestros propios ojos”, afirmó Julián. Contó que los glaciares se están retrayendo y que hoy se observa tierra descubierta donde crecen pastos, musgos e incluso hongos, algo impensado décadas atrás.

Estas observaciones fueron confirmadas por Rodolfo Werner, biólogo marino, asesor científico del proyecto y miembro fundador de la Antarctic Wildlife Research Fund, con sede en Oslo, Noruega. “Existe una retracción del hielo marino que se forma en invierno, lo que afecta directamente al krill y a todo el sistema antártico”, explicó. Además, advirtió sobre el aumento de las precipitaciones en forma de lluvia, que pone en riesgo a especies como los pingüinos, cuyos pichones no están preparados para mojarse.
Werner trabaja desde hace más de 20 años en la Antártida y participó activamente en el desarrollo del documental. Según explicó Julián, el científico los acompañó en la elaboración del guión para garantizar que la película no fuera solo un relato de aventura, sino también una herramienta de divulgación rigurosa sobre la conservación marina.
Antártida – Dominio 1 entrelaza tres historias: la de Werner, la de los hermanos Azulay y la de Manuel Novillo, un joven biólogo que investiga peces en la Antártida. La narración está a cargo del actor argentino Ricardo Darín.

Los Gauchos del Mar ya habían comprobado el impacto de este tipo de proyectos en 2015, durante una expedición a la Península Mitre, en Tierra del Fuego. Allí documentaron una causa ambiental que permanecía archivada: la creación de un área natural protegida. La difusión del material, que llegó a Netflix, contribuyó a que la iniciativa avanzara y finalmente fuera sancionada por ley.
Actualmente, el documental Antártida – Dominio 1 se presenta en distintas localidades de Argentina y del mundo. Para sus realizadores, el objetivo es claro: que la historia no termine en la pantalla, sino que contribuya a proteger uno de los ecosistemas más frágiles y valiosos del planeta.












