La maceta que da luz: desarrolló una tecnología que genera energía eléctrica con plantas

Hernán Asto nació en la ciudad peruana de Ayacucho y creció en circunstancias que no fueron para nada fáciles. Su padre falleció cuando tenía apenas 4 años y su madre debió hacerse cargo de ocho hijos en un hogar sin agua, sin luz. Hasta los 14 años, Hernán hizo sus tareas escolares con velas y lámparas de kerosene. 

Pero esa dura realidad no fue motivo para trabar el camino soñado. “En realidad fue la fuerza que nos impulsó para cambiar nuestra vida”, reflexiona Hernán.

Las velas permitían que pudiera estudiar pero también causaron mucho dolor en la familia. Recuerda que un domingo, justo antes del inicio de las clases, un incendio en su casa hizo cenizas uniformes y útiles. Su madre, llorosa, salió de inmediato a golpear puertas de comercios para pedir fiado y así contar con lo necesario para el día siguiente. 

Alinti es una solución para muchas personas que no tienen energía eléctrica

Con bravura y plena determinación, Hernán decidió que algo debía hacer para transformar ese paisaje social que lastima a muchas familias. 

El primer paso lo dio en el colegio Emblemático González Vigil, cuando se encontró con una persona que influyó mucho en su destacado presente. El profesor Raúl Bravo siempre lo motivó, le decía convencido: “campeón, tu puedes”. “Me exigía creer que no importa cuál es tu condición social, si tuviste necesidades, padres o apoyo. Si te lo propones, puedes lograrlo”. 

Lo invitó a que sus investigaciones se enfoquen en dar una solución social a partir de la naturaleza. A través de literatura descubrió que las plantas y los humanos producen energía eléctrica. Pensó durante mucho tiempo de qué forma podía capturar esa corriente biológica y almacenarla. En su etapa universitaria, lo descubrió. 

Después de algunas pruebas, en 2017 su ambicioso proyecto tomó forma. Además de contar con la planta, utilizó cinco especies de microorganismos electrogénicos. “Y para potenciar estas dos fuentes, se usa un pequeño panel solar que ayuda para que funcione correctamente”, explicó y agregó que, de esta forma, la energía biológica puede direccionarse y almacenarse en una batería. 

Alinti sirve para iluminar, cargar teléfonos celulares y otros dispositivos que cuenten con puerto USB. 

El emprendimiento nació en 2017

Hernán apunta un dato de peso sobre el impacto ambiental positivo que tiene la iniciativa porque nuestra carga del celular, de la forma tradicional, genera 21 millones de toneladas de CO2 al año. Y son 700 millones de personas en zonas rurales que no cuentan con el servicio de electricidad. “Es un gran problema social y ambiental”, sintetizó.

A raíz de su experiencia personal, es consciente de que “un foco de luz puede cambiar la historia de una familia. Tener luz mejoró mi calidad de vida, pude estudiar en la universidad y crear Alinti”. Hernán admite que jamás imaginó que ese joven de 14 años que estudiaba con velas, trabajaría años después con Facebook o sería premiado por History Channel. 

El emprendimiento creció y ahora, por ejemplo, esa tecnología innovadora es aplicada para el alumbrado público, como en el distrito San Isidro de Lima. Alinti Gleam ofrece un poste con una planta integrada que provee energía biológica para iluminar las calles. Su luz se intensifica o disminuye de acuerdo el horario, y cercanía de personas.

“Un foco de luz puede cambiar la historia de una familia», asegura Hernán

Y con orgullo, el joven creador lanzó en estos días el primer biocargador con la energía de las plantas en la página de crowdfounding (financiación colectiva) Kickstarter. Las personas pueden colaborar con Alinti, y a cambio reciben la tecnología. Hernán y su equipo trabajaron muy duro durante tres meses para este lanzamiento. 

Para Hernán lo más importante de su emprendimiento, más allá de los reconocimientos y premios, es el espíritu noble. Es presentar al mundo la solución ecológica al terreno de la energía y apoyar a las comunidades sin electricidad. Está seguro de que esta tecnología puede colaborar con el planeta. 

Su profesor Raúl sigue dando clases en González Vigil y -claro- está muy orgulloso de su alumno Hernán. “Siempre le voy a estar agradecido porque esas palabras que me decía, que yo era el campeón, al final me las creí”. 

Escuchá un fragmento de la entrevista radial