Inés Enciso recuerda que, cuando era niña, las injusticias sociales le provocaban una profunda rabia. Con los años, esa inquietud se encontró con una realidad de las barreras que enfrentan las personas con discapacidad para participar plenamente de la sociedad y, también, de la vida cultural. Entonces apareció una pregunta que terminaría marcando su vida: “¿Qué puedo hacer yo?”
Hoy es coordinadora del área de Desarrollo e Investigaciones de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Impulsa programas clave como las residencias artísticas y los campus cinematográficos enfocados en la diversidad.
“La discapacidad nos confronta con la idea de que la vida es algo muy volátil, algo que no controlamos”, reflexionó durante una entrevista en Pausa, el programa de Vivian ‘Lulú’ Mathis. Según explicó, la posibilidad de que nuestra realidad cambie y nos lleve a depender de otras personas genera miedo. “Nos asusta porque es un espejo”, resumió.
La vida le hizo una pregunta
Durante su infancia, Inés participaba de voluntariados en centros de menores. Le gustaba trabajar con niños y niñas, aunque había algo que tenía claro, no quería hacerlo con chicos con discapacidad. Hasta que la vida le devolvió una experiencia transformadora. Hace 17 años nació su hijo Mateo con hidrocefalia.

Cuando cursaba el séptimo mes de embarazo, los médicos le advirtieron que las cosas no iban bien y que tendría por delante un camino exigente. Inés estaba asustada. Había preparado una cuna sin saber siquiera si llegaría a utilizarla.
Dejó de trabajar para dedicarse a su hijo. Durante un tiempo, su vida quedó concentrada en Mateo y en los desafíos que implicaba su crianza. Pero su padre la impulsó a recuperar su carrera. Fue él quien encontró un máster en gestión cultural que Inés cursó durante dos años. Ese regreso al mundo profesional también significó un cambio en su manera de mirar.
“¿Qué pasa con las personas con discapacidad en el ámbito de la cultura?”, comenzó a preguntarse. Hasta entonces, reconoce, nunca se lo había planteado.
Una ausencia que estaba a la vista
Inés realizó sus prácticas en el Centro Dramático Nacional de Madrid junto al actor y productor teatral Miguel Cuerdo, quien fue su tutor. Juntos empezaron a observar una contradicción. En uno de los principales espacios teatrales de España, las personas con discapacidad tenían una presencia prácticamente inexistente, tanto sobre el escenario como en los equipos artísticos y entre el público.

“Nos parecía muy injusto que no hubiera nadie con discapacidad arriba del escenario, en los equipos artísticos, con muy poca gente en el público”, recordó. Decidieron entonces hablar con el director del Centro Dramático Nacional. Les dio la razón.
Y aquello que comenzó como una conversación terminó convirtiéndose en un proyecto que transformaría su trayectoria profesional. “Hubo osadía y una alegría inmensa”, recordó Inés. En 2013, junto a Miguel Cuerdo, creó el festival Una mirada diferente, una propuesta destinada a promover la presencia y la inclusión de artistas con discapacidad en la vida cultural.
El talento antes que la discapacidad
Inés quiso abordar especialmente la mirada paternalista. Esa forma de acercarse a las personas con discapacidad desde la compasión, el “pobrecito” o la idea de que cualquier logro merece admiración simplemente porque fue conseguido por una persona con discapacidad.
Inés decidió combatir esa mirada desde el arte, el lugar que mejor conocía. La estrategia fue apostar por espectáculos de enorme calidad. “Trajimos espectáculos de una calidad tan alta que cambió la percepción de la gente sobre la discapacidad. Ya no los van a ver desde el mismo lugar”, explicó.

La idea es sencilla, pero profundamente transformadora: que el público pueda mirar primero al artista y no a su discapacidad. Por eso Inés cuestiona también la tendencia a idealizar a las personas con discapacidad como héroes.
Le incomoda que se valore de manera exagerada la dificultad que supone para un actor o una actriz realizar su trabajo simplemente por tener una discapacidad. La pregunta que plantea es otra: ¿Podemos juzgar una actuación con los mismos criterios con los que juzgamos la actuación de cualquier otro intérprete?
Del teatro al cine
El trabajo de Inés también llegó al cine. En 2017 estuvo a cargo del casting y del entrenamiento actoral para Campeones, la película dirigida por Javier Fesser. Además, asesoró al equipo y a la productora en cuestiones vinculadas con la inclusión. La película recibió el Premio Goya a Mejor Película en 2018 y Jesús Vidal obtuvo el reconocimiento a Mejor Actor Revelación.
Para Inés, aquella experiencia fue otra oportunidad para demostrar que la inclusión no tiene por qué estar asociada a la condescendencia. El objetivo no es que una persona con discapacidad sea incorporada a una obra para que el público pueda sentirse solidario. El objetivo es que esté allí porque tiene algo que aportar.
Una cultura donde cabemos todos

Inés no habla de su recorrido como una batalla que haya elegido desde el enojo. Por el contrario, asegura que decidió asumir este compromiso con alegría. “Aprendes tanto del que es diferente. Hay algo tan reconfortante en sentir que cabemos todos”, reflexionó.
Su historia comenzó con una pregunta personal. Continuó con el nacimiento de su hijo, que la obligó a mirar de frente una realidad que hasta entonces había mantenido a cierta distancia. Y terminó convirtiéndose en una pregunta mucho más grande: ¿qué clase de cultura queremos construir? Una en la que las personas con discapacidad sean invitadas excepcionalmente. O una en la que simplemente formen parte.
Para Inés Enciso, la respuesta está en el escenario. Una sociedad verdaderamente inclusiva no necesita mirar a una persona con discapacidad con lástima ni convertirla en heroína. Necesita poder verla como lo que es. Una artista. Una creadora. Una persona con algo para decir.
Y, sobre todo, alguien que tiene derecho a estar allí. Porque, como resume Inés, hay algo profundamente reconfortante en descubrir que cabemos todos.












