Educación verde: más de 112.000 escuelas ya enseñan a cuidar el planeta

La educación está atravesando una transformación que busca preparar a las nuevas generaciones para uno de los mayores desafíos del siglo XXI: la crisis climática. En distintos rincones del mundo, miles de escuelas están incorporando la sostenibilidad como parte de la vida cotidiana. Las aulas se convierten en espacios donde aprender incluye cuidar el planeta.

Según datos de la UNESCO y de la Greening Education Partnership (GEP), más de 112.000 instituciones educativas de 98 países participan en iniciativas orientadas a fortalecer la educación para el desarrollo sostenible y la acción climática. El objetivo de esta alianza internacional es ambicioso: impulsar que, antes de 2030, al menos la mitad de las escuelas de cada país adopten prácticas alineadas con una educación más resiliente y comprometida con el ambiente.

La Greening Education Partnership (GEP) fue lanzada por la UNESCO en 2022 durante la Cumbre sobre la Transformación de la Educación de las Naciones Unidas. La iniciativa nació con el propósito de ayudar a los sistemas educativos a integrar la sostenibilidad en todos los aspectos de la vida escolar, entendiendo que la crisis climática también es un desafío educativo.

Los estudiantes conviven con el modelo sustentable

Más que un programa aislado, la GEP funciona como una red de cooperación entre gobiernos, instituciones educativas, organismos internacionales y organizaciones de la sociedad civil. Su objetivo es brindar herramientas para que las escuelas incorporen prácticas sostenibles de manera progresiva y adaptadas a la realidad de cada comunidad.

Entre las acciones que promueve se encuentran la creación de comités ambientales escolares, la mejora en la gestión del agua, la energía y los residuos, la incorporación de contenidos sobre cambio climático en distintas asignaturas y el fortalecimiento del vínculo entre las escuelas y sus comunidades.

Escuelas que enseñan con el ejemplo

La propuesta parte de la idea de que  la sostenibilidad no debe limitarse a una materia dentro del aula, sino convertirse en una experiencia cotidiana.

El contacto con la naturaleza es uno de los puntos importantes del aprendizaje.

Por eso, muchas instituciones participantes desarrollan huertas escolares, programas de compostaje, campañas de reciclaje, proyectos de eficiencia energética y actividades destinadas a proteger la biodiversidad local. En numerosos casos, son los propios estudiantes quienes lideran estas iniciativas junto a docentes y familias.

La primera escuela sustentable en Uruguay se construyó en el 2016, en Jaureguiberry, un poblado de la costa del departamento de Canelones. La estructura de la escuela rural Nro. 294 incluye una superficie de 270 metros cuadrados y fue construida con un 60% de materiales reciclables. Se utilizaron 2.000 neumáticos, 5.000 botellas de vidrio, 2.000 metros cuadrados de cartón y 8.000 latas de aluminio.

La organización responsable de insertar el concepto en Uruguay fue Tagma, una organización sin fines de lucro que se dedica a desarrollar proyectos innovadores que conjugan la educación y la sustentabilidad en Latinoamérica. Un año después, fueron invitados a Argentina para aplicar el concepto de escuela sustentable. Eligieron Mar Chiquita, en la provincia de Buenos Aires y el trabajo duró 45 días para levantar una estructura de 350 m2.

En Mar Chiquita está la primera escuela sustentable de Argentina

Luego avanzaron en la ciudad chilena de Valparaíso, Chile en 2020. Y la siguiente en San Jerónimo, una localidad cerca de Medellín, Colombia.

América Latina también impulsa el cambio

En América Latina y el Caribe, diversas organizaciones trabajan para fortalecer la educación ambiental desde una perspectiva regional. Una de ellas es la Red de Escuelas para el Desarrollo Sostenible (REDES), impulsada por Eco House Global junto con la Cátedra UNESCO de la Universidad de San Andrés. La red reúne a más de 120 instituciones educativas y ofrece capacitaciones, recursos pedagógicos y espacios de intercambio para docentes y estudiantes.

Las escuelas participantes desarrollan iniciativas que incluyen talleres de economía circular, separación de residuos, huertas comunitarias, proyectos de restauración ambiental y propuestas de innovación lideradas por jóvenes.

El modelo se replica cada vez más en distintos lugares del mundo

Asimismo, actividades como la Copa Climática convocan a estudiantes de distintos países a diseñar soluciones para problemáticas ambientales de sus comunidades, demostrando que la educación puede convertirse en un motor de transformación social.

La transición hacia escuelas más sostenibles no solo busca reducir el impacto ambiental de las instituciones educativas. También pretende formar ciudadanos capaces de comprender los desafíos del mundo actual y participar activamente en la construcción de soluciones.

En un contexto marcado por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la necesidad de avanzar hacia modelos de desarrollo más sostenibles, las escuelas adquieren un papel estratégico. Allí no solo se transmiten conocimientos: también se construyen valores, se fortalecen capacidades y se siembran las ideas que pueden transformar el futuro.