Escuchar para ayudar: la historia del influencer solidario que cambia vidas en la calle

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Un cartonero descansaba al costado de la Ruta 8 cuando Manuel Gutiérrez se detuvo a hablar con él. Nunca imaginó que esa conversación iba a cambiar su vida.

Le dicen Manolo. Y hace un tiempo se convirtió en puente entre las personas que necesitan una mano y las que están dispuestas a darla. Desde San Miguel, provincia de Buenos Aires, construyó con sensibilidad una comunidad en donde se comparten historias que valen la pena.

Hoy es reconocido por los miles de seguidores que acompañan sus historias solidarias y colaboran con quienes atraviesan situaciones difíciles. Sin embargo, su recorrido comenzó muy lejos de ese lugar. “Soy muy fanático del aprendizaje y del conocimiento”, contó en una charla con Cambian el Mundo. Por eso, sus primeros contenidos estuvieron orientados a compartir herramientas vinculadas al mundo emprendedor y al marketing digital, ámbito en el que se desempeña profesionalmente.

Su idea inicial era transmitir conocimientos que pudieran ayudar a otras personas a desarrollarse. Incluso llegó a dictar talleres para grupos reducidos vinculados a una fundación con la que colaboraba. Esa experiencia le mostró que podía amplificar ese impacto utilizando las redes sociales.

Con el tiempo comenzó a entrevistar emprendedores para ilustrar conceptos y compartir experiencias. Pero una historia inesperada cambiaría el rumbo de su proyecto.

Estaba en situación de calle y sin trabajo. Manolo logró reunir 15 millones de pesos

El encuentro que lo cambió todo

El punto de inflexión llegó cuando, camino a grabar contenido junto a su equipo, vio a un cartonero descansando al costado de la Ruta 8. “Por alguna razón me llamó la atención. Bajé a hablar con él y fue espectacular. Ahí dije: quiero hacer algo bonito con esto”, recordó. Ese hombre se llamaba Nico y se convirtió en uno de los primeros protagonistas de una historia que logró gran repercusión.

“Fue una charla tremenda. Hoy hago entrevistas con otra producción, pero en ese momento ni siquiera se escuchaba bien el audio. Sin embargo, la historia impactó muchísimo”, contó y reflexionó que aquella conversación le abrió una puerta inesperada. Descubrió aprendizajes que difícilmente aparecen en los libros o en los discursos tradicionales sobre el éxito.

“Yo podía leer el libro de una persona exitosa, pero el aprendizaje de alguien que vive otra realidad era algo que no conocía. Me dejó muchísimas enseñanzas”, explicó. Desde entonces comenzó a visibilizar historias de personas en situación de vulnerabilidad, trabajadores informales, emprendedores y familias que enfrentan desafíos cotidianos.

Un puente entre las historias y la ayuda

Con el crecimiento de su comunidad también llegaron nuevas posibilidades de ayuda. Dice que antes tenía menos seguidores y ayudar era más complicado; «hoy es muy loco porque subo un video, cuento una historia y, si la gente conecta y confía, ayuda muchísimo”.

Sin embargo, insiste en que no se considera el protagonista de esos logros. “Yo no creo tener el mérito de los resultados. Lo que hago es construir un puente. Después es la red, la comunidad, la que logra cosas increíbles”.

Santi, con discapacidad motriz, llegó a la Selección Argentina de natación.

A lo largo de los años fueron apareciendo decenas de historias que movilizaron a miles de personas. Darío, un hombre que restauraba muebles mientras atravesaba una situación habitacional compleja; un vendedor que atendía una pequeña parrilla al costado de la ruta; emprendedores que luchaban por sostener sus proyectos; familias enteras que encontraron una oportunidad gracias a la ayuda colectiva.

“Lo loco es que con tan poco a veces se logra muchísimo. Uno apunta a los sueños de las personas e intenta ayudar. Y de alguna forma siempre aparece alguien dispuesto a colaborar”, destacó.

El arte de escuchar

Quizás una de las claves de su trabajo sea justamente esa capacidad para generar conversaciones profundas con personas que acaba de conocer. Aunque no tiene formación periodística, desarrolló una sensibilidad especial para crear espacios donde el otro se siente cómodo para hablar. “Siempre fui más de escuchar que de hablar”, admite.

Con el tiempo empezó a notar que cuando una persona deja de repetir un relato aprendido y se conecta con lo que realmente siente, la historia cambia por completo. Cuando consigue que alguien se abra de verdad, la charla da un giro. Y ahí aparece algo auténtico.

Uno de los ejemplos más claros fue la historia de Santiago, un joven con autismo, y su mamá Luciana, una entrevista que se volvió viral y generó una enorme movilización solidaria. Al comienzo, Luciana relataba la situación de su hijo como tantas veces lo había hecho antes. Pero una pregunta inesperada transformó la conversación.  “Le pregunté cómo estaba ella. Toda la historia estaba centrada en Santiago, pero cuando le pregunté qué sentía ella, cambió todo. Ahí empezó a hablar desde el corazón”.  Ese momento marcó la diferencia.

Es jubilado y le vendieron un celular que no funciona. Gracias a la comunidad, le consiguieron uno nuevo. 

Luciana necesitaba 35 millones de pesos para costear el tratamiento de su hijo en México. El impacto que tuvo la difusión de la historia de Manolo superó todas las expectativas. Reunió 80 millones de pesos.

Para Manolo, conectar con alguien no es una técnica ni una fórmula. “Tenés que estar disponible vos y también la otra persona. Y muchas veces sucede de manera espontánea. Voy a una plaza, hablo con alguien durante media hora y aparece algo muy profundo”. Y agrega una reflexión que se repite en muchas de sus experiencias: “La gente tiene un deseo enorme de ser escuchada”.

El aprendizaje más importante

Aunque miles de personas siguen sus videos por las historias solidarias y los resultados que consigue movilizando a la comunidad, Manolo asegura que la mayor transformación ocurrió dentro suyo. Fanático de los libros, el aprendizaje y el desarrollo personal, reconoce que cada conversación terminó enseñándole algo sobre sí mismo. “Creo que aprendí que la felicidad y la vida pasan por un lugar muy distinto al de la gratificación inmediata”.

El Colo necesita trabajo y Manolo ayudó

La conclusión no surgió de una teoría, sino de cientos de encuentros con personas de realidades completamente diferentes. “Me di cuenta de que el trabajo más importante es el propio. El logro más importante no es el que se ve desde afuera, sino el que uno consigue mejorando su vida, siendo más agradecido, cambiando hábitos y aprendiendo a estar mejor con uno mismo”.

Esa mirada también modificó sus prioridades. “Creo que la prioridad tiene que ser estar bien de la cabeza, cuidar el cuerpo y trabajar en uno mismo. Eso incluye todo: la salud física, emocional y mental. Es lo que intento construir en mi vida todos los días”.

Cerca de 20 personas ya fueron asistidas por el puente que genera Manolo y tiene más de 120.000 seguidores en su cuenta de Instagram. Aún hoy le sorprende el alcance que logró construir. Cree que la gente se dio cuenta que existe una búsqueda genuina. Y que no saca ningún rédito de esto. Reflexionó sobre por qué creció tanto el interés de los seguidores por su proyecto. «Me hablan de la importancia de escuchar. Eso provoca un impacto y genera otras cosas».

Tres años después de aquella charla el cartonero, al costado de la ruta, Manolo sigue haciendo lo mismo. Se detiene, pregunta y comparte historias. Dice que cuando sube un reel con una historia, si la gente conecta, la ayuda es grande. En este camino, llegó a una conclusión poderosa: escuchar y difundir una historia puede ser suficiente para cambiar vidas.