La reconocida psicóloga, escritora y conferencista argentina María ‘Maritchu’ Seitún reflexionó sobre los desafíos actuales de la crianza, el impacto de las pantallas, la importancia de los límites y el rol de la empatía para fortalecer los vínculos familiares. Con más de 40 años de trayectoria profesional, aseguró que hoy las familias enfrentan un escenario mucho más complejo que décadas atrás debido a la sobreinformación y la influencia permanente del entorno digital.
“Me entusiasma la idea de que otra gente sepa lo que a mí me hubiera gustado saber, porque facilita la vida”, expresó Seitún en el programa Pausa que conduce Vivian ‘Lulú’ Mathis. La especialista sostuvo que actualmente la crianza se volvió más difícil por la enorme cantidad de estímulos que reciben niños y jóvenes. “Hoy tenemos el agravante de los algoritmos y lo que dice Instagram, que nos termina confundiendo”, señaló.
Madre de tres hijos y abuela de diez nietos, explicó que con los años comprendió la importancia de profundizar en temas como las neurociencias, la teoría del apego y la educación emocional. Reconoció además que, pese a haber crecido en un modelo de crianza con “un dejo autoritarista”, fue aprendiendo que “se puede tener buena autoridad sin autoritarismo”.
La empatía aparece como el eje central de su último libro, dedicado especialmente a la adolescencia. Según explicó, comprender qué hay detrás de una conducta permite intervenir de otra manera y fortalecer el vínculo familiar.

“Los chicos y los adolescentes siempre tienen una buena razón para hacer lo que hicieron. Eso no quiere decir que esté bien lo que hicieron”, aclaró y dio como como ejemplo situaciones cotidianas entre hermanos o reacciones típicas de la adolescencia, como los portazos, el silencio o el revoleo de ojos.
Para Seitún, la diferencia está en cómo reaccionan los adultos frente a esas conductas. “Si yo puedo entender qué llevó a mi hijo a actuar así, me voy a enojar distinto”, explicó. En lugar de centrarse únicamente en la conducta, propone mirar el trasfondo emocional: frustración, vergüenza, miedo o desilusión. “Cuando puedo ser empático, bajo a ver ofensa, miedo, inseguridad, vergüenza, tristeza, desilusión”, sostuvo. Y agregó: “La consecuencia se la va a tener que ligar, pero estoy cerca suyo, entiendo lo que le pasa y quiero ayudarlo a resolver esas cosas de otra manera”.
La especialista también alertó sobre el peso que tiene actualmente el mundo externo en la formación de niños y adolescentes. “La influencia del mundo externo es enorme. Entra en casa por las pantallas, pero también por las ventanas y por los huecos de las puertas”, afirmó.
En ese sentido, consideró que hoy los padres tienen la responsabilidad de “contrapesar” aquello que reciben los chicos desde las redes sociales, los medios y el entorno digital. Según recordó, décadas atrás existía una comunidad que acompañaba los procesos de crianza y reforzaba los mismos valores que transmitían las familias. “Cuando yo era chica, toda la comunidad ayudaba a mis padres a educarme. El colegio decía lo mismo, el club decía lo mismo, los vecinos también”, explicó. Y comparó: “Hoy retás a un hijo ajeno y te mandan una carta documento”.

Seitún cuestionó además la exposición mediática de determinados hechos sensibles vinculados a adolescentes y advirtió sobre los riesgos de la viralización y la sobreinformación. Se refirió a las amenazas escritas en baños de escuelas en todo el país. “Los chicos están sobreestimulados, sobreinformados y mal formados”, aseguró.
Durante la charla también hizo referencia a series como Adolescencia y Atrapados para ejemplificar cómo muchas veces los adultos no logran registrar las señales que dan los jóvenes cuando necesitan hablar o pedir ayuda. “La mayor conciencia que tenemos que tener es comunicarnos más y protegernos un poco más de este sistema”, sostuvo. Y agregó que muchas veces el problema no es la cantidad de tiempo compartido, sino la calidad de la atención. “A veces son diez segundos, pero son los diez segundos más importantes porque hay una pregunta y una repregunta que te permiten entender qué le pasa al otro”.
Finalmente, reflexionó sobre el modo en que las propias pantallas también absorben a los adultos y dificultan la escucha.“Estamos nosotros también muy metidos en las pantallas”, señaló, y recordó el ejemplo de una madre que priorizaba constantemente su trabajo mientras su hijo sentía que no era escuchado. “El chico sintió que el trabajo era más importante que él”, concluyó.
Seitún también abordó otro de los temas que considera centrales en la crianza actual: la dificultad para poner límites. “Sí, nos está costando un montón”, afirmó, y recordó que ya en la década del 70 distintos especialistas advertían sobre este fenómeno.

Según explicó, muchos adultos asocian el límite con algo negativo, cuando en realidad cumple una función de cuidado y contención. “El ‘no’ protege, cuida, sostiene”, resumió. En ese sentido, contó que acaba de publicar un libro destinado a familias con niños pequeños titulado ‘Del no al sí’, centrado justamente en la importancia de establecer límites saludables.
La especialista remarcó que poner límites no implica rigidez ni autoritarismo, sino elegir las batallas importantes y sostenerlas con claridad. “Creo que los papás libran un montón de batallas, gritan mucho, protestan un montón y ganan tres. Yo prefiero que libremos cinco y ganemos cinco, pero que sean las cinco más importantes”, sostuvo.
También diferenció el acompañamiento afectivo de la sobreprotección. Para Seitún, el problema no es ayudar a un hijo, sino hacerlo desde el miedo o la desconfianza en sus capacidades. Dijo que “cuando yo sobreprotejo, el mensaje es: vos no podés”. En cambio, señaló que “mimar” a un hijo puede ser un gesto sano cuando responde al afecto y no a la necesidad de evitarle frustraciones.
“Estamos arruinando algo que es maravilloso”, advirtió y agregó que muchas veces los adultos intentan evitar que los chicos se equivoquen, cuando justamente el aprendizaje surge de esas experiencias. “No aprendemos de los aciertos, aprendemos de los errores”, concluyó.












