«No estamos dormidos»: jóvenes crearon una solución para purificar el agua de su pueblo

Por Lorena Direnzo 
Tres jóvenes catamarqueños representaron a la Argentina en “el Nobel del Agua” en el Stockholm Junior Water Prize, una competencia en la que más de 36 países presentaron proyectos vinculados al agua y la sustentabilidad. La ceremonia fue supervisada por Victoria, la princesa heredera de Suecia, en Estocolmo.
La iniciativa de Martina Cecenarro, Paula Bazán y Leopoldo Gómez nació el año pasado cuando cursaban el último año del secundario en Belén, una localidad ubicada a 300 kilómetros de la capital de Catamarca, que cuenta con apenas 27 mil habitantes.
El proyecto se llamó “Sistema circular de reutilización y purificación de agua” y consiste en “un sistema compacto y de bajo consumo energético que permite reutilizar de forma segura las aguas grises de la cocina mediante la combinación de electrocoagulación, luz ultravioleta y filtración multietapa”. El sistema “se instala debajo del fregadero y funciona automáticamente con una placa que reduce el consumo de agua hasta en un 83%”. Aseguran que podría recuperar hasta 900 millones de litros al año.
El desafío comenzó cuando una profesora del Instituto Superior Virgen les comentó acerca de un certamen nacional destinado a jóvenes de 15 a 20 años vinculado a proyectos sobre agua. Lo cierto es que ninguno de los alumnos le prestó mucha atención, excepto estos tres amigos. La idea para participar no tardó en aparecer: la localidad donde viven padece, desde hace años, el mismo problema. El agua que sale de la canilla tiene una leve tonalidad marrón.
Los argentinos se nutrieron de experiencia en el Stockholm Junior Water Prize
La iniciativa de estos adolescentes fue seleccionada, junto a otras cuatro del país, para participar en el «Premio Argentino Junior del Agua» en Buenos Aires. Tras una férrea defensa del proyecto, finalmente los catamarqueños fueron elegidos para viajar a Europa.
El viaje fue financiado por la Asociación Interamericana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental (AIDIS) y la asociación sueca SIWI. El resto fue aportado por el gobierno de Catamarca.
Actualmente, Martina y Paula tienen 19 años y estudian Arquitectura e Ingeniería en Sistemas, respectivamente, mientras Leopoldo, cursa Odontología en Buenos Aires. Tomaron caminos diferentes, pero los sigue uniendo además de una fuerte amistad, el deseo de que el proyecto se materialice.

Un concurso especial para Belén”

El problema en ese rincón del país, un lugar desértico y montañoso, es la escasez de agua. Pero también la calidad. “No contamos con una planta potabilizadora acorde al crecimiento demográfico del último siglo. La planta actual recorta, de alguna forma, el tratamiento que le hace al agua y no se termina de depurar. Muchas veces, no tenemos agua y cuando hay lluvias, aumenta el caudal del río que arrastra lodo. El agua viene marrón y la gente debe tomarla igual”, lamentaron los jóvenes. Por eso, los consultorios médicos registran gran cantidad de problemas gastrointestinales y óseos. Quienes pueden, aunque no todos, compran botellones de agua mineral.
Se trata de un sistema compacto y de bajo consumo energético
«El objetivo fue mostrar cómo sale el agua acá, donde la gente está tan acostumbrada, y buscar una solución. Desde un comienzo, supimos que este concurso era para nosotros», reflexionó Martina. Pero pensar en una propuesta concreta a esa problemática no fue sencillo ya que los chicos no contaban con una formación específica (la orientación del colegio es Ciencias Naturales y Sociales). Tampoco había profesores especialistas en la temática para asesorarlos.
“El punto de partida fue hacer algo que permita reutilizar el agua y potabilizarla. En suma, minimizar su derroche. A donde más se gastaba el agua era en la cocina”, recordó Martina y agregó: “Entonces, nos pusimos en contacto con profesionales. Alguien nos dijo: ‘Tengo un tío que tiene un amigo que es ingeniero’. Conseguíamos el número y lo llamábamos. Buscamos en internet. Fue un trabajo de hormiga”.
Se hicieron todo tipo de ensayos y pruebas hasta llegar al sistema que finalmente fue presentado. El último paso fue hacerlo automático para que su uso fuera fácil.
Los estudiantes detallaron que «el sistema que va debajo de la bacha de la cocina y reutiliza el agua reduce su consumo hasta un 83%». Y destacaron que no usan químicos sino electricidad: “Reutilizamos la misma agua en su ciclo circular hasta cinco veces y elevamos su calidad hasta potabilizarla». El costo, advirtieron, es rentable; de hecho, “se recuperaría al no tener que comprar agua embotellada”.
Los chicos aspiran a que la propuesta -que fue declarada de interés municipal- se ponga en marcha lo antes posible en la provincia, pero saben que requiere financiamiento. El viaje a Suecia significaba la posibilidad de conseguir apoyo monetario, aunque el ganador fue un proyecto de Alemania.
Sin embargo, la propuesta argentina llamó tanto la atención que no solo la devolución fue excelente sino que resultó ser la única que recibió una invitación por parte de Unicef para exponer en un panel aparte.
“Todo el intercambio fue enriquecedor. Incluso el palacio donde se realizó la premiación es el mismo en el que se entregaron los premios Nobel a figuras como Einstein o Marie Curie. Allá le dan mucha importancia al agua, es un mundo comprometido con la causa. De hecho, Estocolmo es una ciudad sustentable y nos mostraban cómo trataban el agua”, señaló Martina. También valoró que en Suecia, sentían que los expertos les hacían preguntas y los trataban “a la par, cuando en pueblos más chicos, quizás, te subestiman por ser joven”.
Se mostró sorprendida porque así, como ellos presentaban el problema de la escasez de agua, otros países sufrían, por el contrario, problemas por inundaciones. “Un problema se soluciona de diversas formas. Y quizás uno piensa en soluciones super tecnológicas y complejas y a veces, la solución está en lo simple o simplemente, que sea realista”, opinó.
Hoy, este equipo catamarqueño sueña con que el proyecto trascienda las pruebas de laboratorio y se implemente para cambiar realidades. “Es una solución concreta. Y hay pueblos que transitan el mismo problema. Soñamos con un mundo más sustentable. Y esperamos que esto sirva para promover la ciencia, que la juventud se involucre. Los chicos no estamos dormidos”, concluyó Martina.