La chica que soñaba con robots y autos voladores: “Si la tecnología no nos hace la vida mejor, ¿para qué la queremos?”

Por Daniel Pardo

Los primeros recuerdos de su vínculo con la tecnología se remontan a las tardes en que abría las páginas de la revista Muy Interesante que su padre le llevaba a casa. Mientras él, químico, se detenía en las secciones científicas, ella imaginaba con fascinación un mundo de complejos robots y autos voladores. Hoy Desirée Jaimovich es periodista especializada en tecnología e innovación y sostiene que esos avances solo tienen sentido si nos permiten vivir mejor.

“Tenemos que aceptar que no podemos estar al mismo ritmo que la tecnología”, señala en el programa Pausa que conduce Vivian ‘Lulú’ Mathis. Y en lugar de correr detrás de cada novedad, propone reconectar con lo que permanece: el vínculo, la escucha, el silencio. “Quizás es un buen momento para meternos en ‘conos de silencio’, en conexión, en ver y escuchar al otro. Es una oportunidad”.

En un mundo acelerado por la inteligencia artificial, propone algo contracultural: pausa, empatía y una discusión profunda sobre cómo redistribuir el tiempo y la riqueza que la tecnología puede generar.

No es casual que, después de la pandemia, haya decidido ampliar su formación hacia territorios menos digitales. Se formó como profesora de yoga, se recibió de coach ontológica y empezó clases de teclado, una cuenta que tenía pendiente. También defiende su hora de entrenamiento y el descanso. “Trato de no tocar el celular. Me alejo. Que la tecnología sea un recurso para darme espacios”, cuenta. Su interés hoy está puesto en el cruce entre tecnología y bienestar: cómo puede ayudarnos a vivir mejor, no solo a producir más.

La inteligencia artificial, por ejemplo, puede acelerar el desarrollo de fármacos para enfermedades raras o complejas. Ese potencial la ilusiona. También la entusiasma la posibilidad de que la tecnología permita administrar mejor los recursos y reducir desigualdades. Si la innovación no mejora la vida de las personas, se pregunta, ¿para qué la queremos?

Desirée brindó una charla TEDx en Bariloche: Humanidad aumentada

De los robots soñados a la IA generativa

Su vínculo con el futuro empezó temprano. De chica soñaba con robots y autos voladores. Su padre, químico, le acercaba revistas como Muy Interesante; su madre, abogada, aportaba una mirada más terrenal. “Yo disfrutaba más de la cosa futurista y él de la ciencia”, recuerda. Lo que siempre se mantuvo constante en ella fue el placer por descubrir.

Hoy observa un escenario social atravesado por la inteligencia artificial con emociones mezcladas: curiosidad y miedo. “Veo gente con mucha curiosidad y otras con una visión apocalíptica. Pero sobre todo, veo avidez por conocer”. 

Desirée está especialmente atenta a la llegada de los primeros robots con inteligencia artificial generativa: máquinas que no solo ejecuten tareas, sino que también conversen y aprendan junto a nosotros. “Me imagino un robot en mi casa, siempre teniendo el control”, aclara e insiste que la clave es que el ser humano conserve la decisión.

El entusiasmo no le impide ver los riesgos. Para Jaimovich, el debate legislativo es muy relevante. “Tiene que haber regulación para las grandes compañías que desarrollan tecnologías maravillosas, pero también reglas claras sobre qué pasa si se filtran datos. Tiene que haber responsabilidad”.

Advierte, además, sobre aplicaciones que escuchan y que, en la letra chica, admiten usar fragmentos de audio para entrenar sistemas. Frente a eso, propone salir de la pantalla. Pasar más tiempo leyendo libros en papel. Capacitarse. Trabajar la empatía. “Esa es la palabra que tenemos que trabajar muchísimo”. También subraya la necesidad de educar a docentes, psicólogos, padres y jóvenes.

Desirée, curiosa por naturaleza.

¿Renta básica universal?

Jaimovich cree que estamos ante una gran reestructuración económica y social. Y lejos de asustarse, la entusiasma. “Todo lo nuevo me entusiasma. Acepto la incertidumbre. Puede dar miedo, pero así es la vida”.

En ese escenario, considera que la discusión sobre una renta básica universal podría cobrar fuerza. La renta básica consiste en la entrega de un pago monetario periódico, incondicional e individual a todos los ciudadanos sin importar sus ingresos o situación laboral. El concepto busca garantizar la cobertura de necesidades básicas, reducir la desigualdad y ofrecer seguridad económica ante la automatización del empleo.

Si las máquinas realizan cada vez más tareas y el tiempo de trabajo humano disminuye, la pregunta trasciende la cuestión tecnológica: ¿cómo distribuimos el ingreso y el ocio? “Si antes desgrababa un audio en dos horas y ahora lo hago en un minuto, eso tiene que aumentar el ocio”, plantea. Pero también debería contribuir a una distribución más equilibrada de la riqueza. “No puede ser que el 1% de la población tenga el 50% de los recursos como sucede ahora. Esa ecuación tiene que cambiar”.

El desafío, sostiene, es decidir como sociedad qué hacemos con ese tiempo liberado. Si estamos sostenidos por una renta básica, ¿a qué nos dedicamos? ¿Cómo reconfiguramos nuestra vida colectiva? Para ella, ese es el debate verdaderamente apasionante. Porque, en el fondo, la tecnología solo tiene sentido si mejora nuestra calidad de vida. Si no es para vivir mejor, entonces —vuelve a preguntar— ¿para qué la queremos?