Recorrió 10.000 kilómetros con un auto impulsado por basura

Edmundo Ramos convirtió residuos en combustible, atravesó miles de kilómetros por Argentina y Brasil mostrando su sistema de gasificación y asegura que un milagro lo ayudó a no abandonar un proyecto que le demandó más de una década de trabajo.

Cuando Edmundo Ramos comenzó a experimentar con la idea de mover un vehículo utilizando residuos como combustible, pocos imaginaron hasta dónde llegaría su proyecto. Hoy no solo conduce un auto impulsado por basura, sino que acaba de completar una travesía de casi 10.000 kilómetros y recibió una noticia que considera histórica: una facultad de ingeniería brasileña decidió incorporar su sistema de gasificación al programa académico.

Su reciente recorrido incluyó 3.000 kilómetros en Argentina y otros 7.000 por Brasil. Ingresó por Misiones, llegó hasta Brasilia y luego regresó por ciudades como Belo Horizonte, Campinas y Ponta Grossa, difundiendo una tecnología que busca transformar residuos en energía útil. “Fui mostrando mi auto a basura a los brasileños”, resume con orgullo.

Ramos aclara que su invento suele confundirse con los biodigestores tradicionales, aunque funciona de una manera completamente diferente. “Un biodigestor utiliza residuos húmedos y necesita semanas para generar metano. Lo mío es un gasificador”, explica.

El sistema emplea residuos secos y combustibles que son colocados en unos tambores instalados en la parte trasera del vehículo. Allí se produce una combustión controlada que genera un gas capaz de alimentar el motor. A ese combustible lo bautizó como “gasura”, una combinación de las palabras gas y basura.

La ventaja, según explica, es la rapidez y la potencia del sistema. “En diez minutos ya puedo estar circulando. No tengo que esperar semanas. El vehículo puede alcanzar velocidades de hasta 115 kilómetros por hora”, señala. Además del automóvil, desarrolló una motocicleta y un generador eléctrico que funcionan bajo el mismo principio.

La historia comenzó en 2008. Durante más de una década invirtió recursos, tiempo y energía intentando perfeccionar la tecnología. En 2018 logró producir el combustible gaseoso que buscaba y compró una Ford Falcon Rural para adaptarla al proyecto. Sin embargo, el vehículo seguía sin funcionar correctamente.

El desgaste fue enorme. “Había puesto años de trabajo, dinero y muchas renuncias. Llegó un momento en que ya no daba para más”, recuerda y menciona que en julio de 2019 decidió abandonar definitivamente el proyecto. Acostado en su cama, comenzó incluso a pensar cómo vendería el vehículo y qué haría con todo el equipamiento construido durante años. Fue entonces cuando, según relata, vivió una experiencia que cambió el rumbo de la historia.

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Los tres milagros

Ramos asegura que escuchó una voz que le transmitió tres mensajes. “Cada fracaso es un paso más cerca del éxito.” “Esto es algo útil para la humanidad, esto hay que hacerlo andar.” Y finalmente: “Esto va a andar.”

Según cuenta, la tercera frase le hizo comprender que no se trataba de sus propios pensamientos, porque él ya había decidido renunciar.

Poco después experimentó lo que considera un segundo milagro: una fuerza que lo levantó de la cama cuando había resuelto no volver a trabajar en el proyecto. Entonces salió al exterior dispuesto a intentar arrancar el vehículo por última vez. “Hice todo el procedimiento de siempre, giré la llave y el auto arrancó a gasura”, recuerda.

La sorpresa fue total. Sin embargo, el vehículo volvió a apagarse y nunca más arrancó en esas mismas condiciones. Meses después, junto a un amigo mecánico, descubrió la falla técnica que había impedido el funcionamiento correcto del sistema.

“Cuando entendimos cuál era el problema, me di cuenta de que en julio era imposible que el auto hubiera arrancado. Por eso estoy convencido de que fue un milagro”, afirma.

Sembrar una idea

Durante su viaje por Brasil, Ramos se propuso compartir su experiencia con medios de comunicación, escuelas técnicas y facultades de ingeniería. Muchas instituciones mostraron interés. Otras no. Pero él asegura que el objetivo principal era sembrar una idea. “Yo sembré. El tiempo dirá qué semilla cayó en tierra fértil y cuál no”.

Las charlas y demostraciones despertaron especial interés en la ciudad de Ponta Grossa, donde visitó una facultad de Ingeniería Mecánica. Allí ocurrió algo inesperado.

Uno de los profesores especializados en sistemas de gasificación quedó sorprendido por la simplicidad del diseño. Los gasificadores industriales tradicionales suelen requerir estructuras complejas, grandes dimensiones y extensos trabajos de soldadura. El sistema desarrollado por Ramos, en cambio, utiliza componentes sencillos y accesibles.

“Cuando vio que era básicamente un tambor metálico con una tapa y dos agujeros, no podía creer que un sistema de gasificación pudiera ser tan simple”, cuenta. La reacción fue tan positiva que la institución decidió incorporar el sistema a sus contenidos académicos.

«A partir del segundo semestre de este año van a enseñar mi sistema dentro de las materias curriculares de la facultad. Es una enorme alegría porque le da estatus académico a un proyecto que nació en un taller y con recursos muy limitados”, destaca.

Tecnología abierta para todos

A diferencia de muchos desarrollos tecnológicos, Ramos decidió compartir gratuitamente todo el conocimiento acumulado durante años de investigación.

En su sitio web, Auto a Basura, publica manuales, planos, videos explicativos y documentación técnica para que cualquier persona pueda construir su propio sistema. Además, brinda asesoramiento sin costo a quienes intentan replicar la tecnología.

“Cuando alguien tiene un problema y no logra que funcione, me escribe por correo, por YouTube o por redes sociales. Yo los ayudo hasta que consiguen hacerlo andar”, señala y, a cambio, solo pide una fotografía o un video del resultado final.

“Quiero mostrar que no soy el único loco haciendo esto. Que se está replicando en distintos lugares y que es algo real”, dice entre risas.

Después de haber atravesado Brasil con su automóvil impulsado por residuos, Ramos ya imagina una nueva aventura. Su deseo es recorrer la Ruta Nacional 40 utilizando la motocicleta a basura que también desarrolló.

“No sé si Dios me va a dar tiempo, dinero y salud, pero me gustaría hacer toda la Ruta 40 con la moto a basura”, confiesa.

Mientras tanto, continúa difundiendo una tecnología nacida de la creatividad, la perseverancia y una convicción profunda: que incluso aquello que la sociedad considera desecho puede transformarse en una fuente de energía y en una oportunidad para cambiar el mundo.