Por Daniel Pardo
Desde una pequeña localidad bonaerense con “un solo semáforo”, como describe sonriente Ricardo Parra, nació un emprendimiento que logró llamar la atención de las Naciones Unidas. Se trata de Las Quinas, un proyecto de triple impacto que produce miel, mermeladas y dulce de leche orgánicos, y que articula su desarrollo productivo con cooperativas de mujeres en situación de vulnerabilidad social.
Parra había construido una carrera exitosa en el mundo de las corporaciones financieras. En 2003, con apenas 29 años y un cargo jerárquico en una compañía norteamericana, decidió dar un giro radical. El estrés y la falta de sentido lo llevaron a replantearse su rumbo. “Por suerte tomé la decisión”, recuerda.
El primer paso fue formarse como técnico en apicultura en la Universidad Nacional de Luján. Lo que comenzó como una búsqueda personal de conexión con la naturaleza se convirtió en el punto de partida de un emprendimiento productivo. Tras adquirir un terreno en General Las Heras, inició la producción de miel orgánica y sentó las bases de un modelo con conciencia ambiental y social.

Desde su origen, Las Quinas incorporó prácticas sustentables: uso de energía solar mediante paneles fotovoltaicos, reciclado de agua y trabajo con pequeños productores. En 2018, el proyecto dio un paso más al integrar a su cadena de valor cooperativas de mujeres en contextos vulnerables.
El primer trabajo se desarrolló junto a mujeres de Lima, en el conurbano bonaerense. En articulación con la fundación Akamasoa Argentina, construyeron invernaderos hidropónicos para la producción de frutillas de calidad. Las Quinas compra esa producción y destina un porcentaje de sus ventas al sostenimiento del proyecto.
Con el tiempo, la experiencia se replicó en Lobos, donde actualmente participan 128 mujeres, y en La Cañada, departamento Figueroa, en Santiago del Estero. Allí, mujeres campesinas fueron capacitadas para producir tuna —el fruto del nopal—, adaptado a zonas áridas del noroeste argentino.

La innovación también se trasladó al diseño y la trazabilidad. Las etiquetas incorporan tecnología NFC, que permite a los consumidores acceder a la historia detrás de cada producto. Además, el emprendimiento implementó tecnología blockchain en sus envases y desarrolló su identidad junto a la agencia Tridimage. Ese trabajo fue reconocido con el Premio Innovar —del entonces Ministerio de Ciencia y Tecnología— y una nominación como finalista en los Pentawards de Londres.
El impacto social del proyecto llamó la atención del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). En 2023 se firmó un convenio de colaboración que permitió incorporar el distintivo Poncho Azul en los productos. A través de esta alianza, parte de las ventas se destinan a la provisión de alimentos, pañales e insumos para personas refugiadas, con la proyección de avanzar hacia iniciativas productivas que involucren a mujeres refugiadas.
Un capítulo inspirador para Las Quinas fue cuando sucedió el interés desde Japón. Un cliente se interesó primero por la miel orgánica. Luego sumaron el dulce de leche adaptado al paladar nipón. Por eso bajaron la cantidad de azúcar hasta llegar al límite que propone el Código Alimentario Argentino.

En 2025 tuvo la oportunidad de compartir su mensaje frente al presidente del Banco Mundial, Ajay Banga. Primero agradeció primero haber sido elegido para disertar en una cumbre de relieve global. Luego se refirió al trabajo de «los héroes invisibles y el corazón del sistema alimentario mundial, que son los pequeños productores». Esa expresión recorrió el mundo.
“Hay que ponerle mucho corazón y entender que el aprendizaje es constante. Lo que más me moviliza es acompañar y ser puente”, reflexiona Parra. Desde la localidad del único semáforo hasta una alianza con Naciones Unidas, Las Quinas significa una muestra de un proyecto exitoso ramificado para colaborar con sectores vulnerados.












