Por Daniel Pardo
El popular cuento infantil de los hermanos Grimm, Blancanieves, tuvo muchas versiones desde su primera publicación en 1812, aunque siempre contó con siete enanitos, además de la protagonista estelar, el espejo y la malvada madrasta. La decisión de Carl Honoré de reducir la cantidad de personajes en la lectura nocturna que le hacía a su hijo, para agilizar ese momento, provocó una transformación en su vida.
Carl Honoré es periodista, escritor y conocido en el mundo como el impulsor del movimiento Slow. Es autor de los best sellers Elogio de la lentitud, La lentitud como método y Bajo presión.
“Yo era un correcaminos, pasaba volando por la vida, la estaba acelerando en vez de vivirla”, recordó desde Londres. Y mencionó la anécdota que lo empujó a una profunda reflexión, cuando ensayó una lectura dinámica de Blancanieves y, en su versión acelerada, asomaron apenas tres enanitos. Su hijo lo interrumpió atento y preguntó: “Papá, ¿qué pasó con el gruñón?”.

Honoré contó que había conocido la oferta de libros de cuentos antes de dormir “en un minuto” y pensó, en un primer momento, que era la solución. Sin embargo, de inmediato afloró una segunda reacción, en la que se preguntó: “¿Hasta dónde he llegado?”. Ese fue su punto de inflexión.
“Vivimos en un mundo laboral que nos exige más trabajo en menos tiempo”, señaló sobre uno de los motores que aceleran nuestras vidas, junto al fenómeno del hiperconsumo. “Y caemos, entonces, en un círculo vicioso”, agregó. Mencionó también que otro elemento relevante de esta cultura de la velocidad es la tecnología. “No es un mal en sí mismo. Podemos usarla de una manera sabia y humana, y saber cuándo debemos desconectarnos”, apuntó y consideró que el teléfono celular es «un arma de destrucción masiva contra la lentitud».
Para Honoré, mucha gente elige una vida rápida, acelerada y llena de distracciones para escaparse y huir de los problemas profundos. “Ganamos cuando pisamos el freno y el encuentro es con uno mismo. A muchos nos da miedo al principio”, dijo, y consideró que evitar ocuparnos de este aspecto es como cuando un niño no hace sus deberes y debe enfrentarse a un examen para el que no está preparado.

Cuando estamos atascados en “fast forward” —continuó— no hacemos los deberes metafísicos, psicológicos y espirituales, “que son la fuente de una vida bien vivida”.
El periodista aclaró que el movimiento Slow no se trata de hacer todo a paso de tortuga. “Eso es absurdo”, sostuvo. Se trata, explicó, de encontrar el tempo justo, la velocidad adecuada. Y eligió a Lionel Messi como ejemplo magistral. “Los mejores jugadores de fútbol tienen algo en común: no tienen prisa, manejan el tiempo. Son practicantes espectaculares del movimiento Slow porque saben cuándo ir rápido y cuándo ir lento. Esa es la magia de la vida, en el ámbito que quieras”.
“Cuando corremos a nivel individual o colectivo no tenemos tiempo para desafiar el statu quo”, señaló Honoré.
Cuando tomó la decisión de hacer un cambio en su vida, sus amigos se rieron porque lo conocían como una persona muy acelerada. “Mi desaceleración tuvo un efecto dominó, una reacción en cadena, que contagió a los demás”, describió. También recordó un proverbio africano que subraya que la lentitud va de la mano de la conexión humana: “Si quieres ir rápido, ve solo; si quieres ir lejos, vayan juntos”.

Aseguró que el beneficio primordial de la lentitud es la conexión con los demás: las relaciones humanas mejoran. La capacidad de estar presente en el momento y de vivirlo plenamente genera una vida digna. Sin embargo, cuando la sociedad vive en la vorágine, sacrifica muchas cosas. “Cuanto más rápido, más soledad”, sintetizó.
Para Honoré, hoy estamos más conectados que nunca, aunque también nos sentimos más solos que nunca. “La miel de la vida humana es la conexión social y eso se está perdiendo”, se lamentó.
Hay un aspecto particularmente relevante del movimiento Slow en la identidad de las sociedades. Para Honoré, cuando corremos a nivel individual o colectivo, “no tenemos tiempo para desafiar el statu quo”. Señaló que no logramos detenernos y analizar de forma profunda los sistemas económico y político para provocar una transformación. Perdemos la mirada de largo plazo y quedamos aferrados a la lista de quehaceres de la semana.
El escritor canadiense está convencido de que una sociedad rápida suele ser injusta y genera una distribución menos equitativa. En cambio, sostuvo que “la lentitud ofrece la posibilidad de crear una sociedad más justa”.
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