Por Daniel Pardo
A veces da la impresión que los adultos tropiezan ante los desafíos relevantes que plantea hoy el mundo. Que no terminan de entender la magnitud de los problemas ambientales. Quizás por eso Carolina Feity, directora creativa y cofundadora de Pequeños Cortos – Cuidemos el Planeta, decidió poner a niños y niñas en el centro de una serie educativa donde las historias sobre el cuidado ambiental son contadas e ilustradas por ellos mismos.
La propuesta es simple y muy efectiva: escuchar qué piensan los chicos sobre el planeta, qué les preocupa y qué soluciones imaginan. Con esa materia prima nacen cortos educativos que combinan creatividad y una mirada fresca sobre uno de los desafíos más urgentes de este tiempo.
El proyecto comenzó hace más de dos décadas, casi como un experimento pedagógico. En ese momento, Feity era docente en la Cátedra de Diseño de Imagen y Sonido, donde dictaba clases de cine y televisión para niños y jóvenes. Su hijo Dante —que hoy tiene 27 años— tenía apenas cinco cuando apareció la inspiración inicial.
“Se me ocurrió inventar historias con los chicos sobre los temas que les importaban en ese momento”, recordó en el programa Pausa que conduce Vivian ‘Lulú’ Mathis. “Me interesaba mucho su percepción, cómo ven las cosas”. Entre todos los temas posibles, hubo uno que se impuso rápidamente: el cuidado del planeta. “El planeta es la casa de todos. Y muchas veces los adultos somos los más lentos para aprender”, reflexionó.

Para empezar a explorar esas miradas infantiles sobre el ambiente, el equipo buscó una experiencia educativa que trabajara estos temas. Así llegaron a la escuela sustentable de Mar Chiquita, considerada la primera de Argentina y la segunda de América Latina. Allí comenzó una serie de encuentros con niños y niñas que terminarían convirtiéndose en historias.
“Muchos chicos sufrían ver la playa llena de basura. Encontraban de todo. Les preocupaba cómo eso afectaba a los animales del mar, a los peces que mueren por los plásticos”, contó Feity y agregó que ese fue el punto de partida para construir relatos donde los problemas ambientales aparecen en escenas cotidianas.
“La idea es que los chicos puedan identificar dónde ven esos problemas en su vida diaria. Dónde se desperdicia agua, dónde aparece la contaminación. Y también qué pueden hacer ellos”. Con el tiempo, el proyecto comenzó a trabajar con escuelas de distintos lugares. Algunas se acercan por iniciativa propia; otras son contactadas por el equipo de producción.
El proceso siempre empieza escuchando. Primero analizan con docentes cuál es el eje de educación ambiental que trabajan en el aula y qué problemáticas aparecen en la comunidad local. A partir de allí comienzan los talleres con los chicos. En un colegio de Vicente López, por ejemplo, el tema elegido fue el compostaje. “Los chicos hablaban de cómo funciona algo que se puede hacer en cada casa y de los beneficios que aporta”, explica Feity.

El resultado final son cortos animados y educativos donde las historias nacen de sus ideas, sus palabras y sus dibujos.
Después de años trabajando con niñas y niños de entre 5 y 8 años, Feity sigue encontrándose con la misma sorpresa. “La capacidad que tienen para absorber información es impresionante. Son como esponjas”.
Pero lo más llamativo, dice, es el nivel de detalle con el que comprenden algunos procesos naturales. “Un chico me dijo que lo más importante para que se genere humus es la caca de lombriz”, recuerda entre risas. “Eso muestra el nivel de conexión que pueden tener con la naturaleza”.
En Pequeños Cortos – Cuidemos el Planeta los niños no son espectadores, son narradores. Inventan situaciones, crean personajes, dibujan escenas y construyen historias que luego se transforman en piezas audiovisuales educativas. “Para mí es fundamental que puedan expresar lo que sienten respecto al cuidado del planeta”, explica Feity. “La mejor forma de aprender es participando del proceso”.

Los cortos no solo funcionan como material educativo para escuelas. También llegan a familias y a otros chicos que se reconocen en esas voces infantiles. Y allí aparece uno de los hallazgos más interesantes del proyecto. “Nos dimos cuenta de que chicos de cualquier ciudad del país, de cualquier nivel social o económico, se sienten identificados con esas voces”, cuenta.
Para Feity, un mensaje muy importante en este trabajo es que los chicos no son solamente los herederos del planeta, también pueden ser motores de transformación. “Ellos son agentes de cambio”, asegura y agrega que la oportunidad de llevar el problema al entorno donde ocurre la vida cotidiana es muy importante.
Al mirar hacia atrás, Feity reconoce que su generación creció sin una educación ambiental estructurada. “Nos cuesta tomar conciencia de la gravedad de la situación”, apuntó. “No tuvimos educación ambiental como la tienen hoy muchos chicos”.
“Estamos dejando un planeta que no está en las mejores condiciones. Tenemos que ser responsables y hacer lo mejor que podamos para que las nuevas generaciones puedan cuidarlo mejor que nosotros”. Quizás por eso las historias de Pequeños Cortos – Cuidemos el Planeta se basa en relatos simples, directos y conscientes.













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