Por Daniel Pardo
“Mis abuelos estuvieron siempre comprometidos con la naturaleza. Y mis padres reciclan; hacen las botellas de amor con los desechos de plástico”, cuenta con orgullo la bióloga entrerriana Ayelén Malgraf, responsable de la creación de Fungipor, un emprendimiento salteño que desde hace cinco años fabrica embalajes, empaques y productos de diseño con un biomaterial elaborado con una mezcla de micelio de hongos y desechos orgánicos.
La iniciativa nació a partir de otro proyecto que Ayelén desarrolla en la localidad salteña de Cerrillos: Hongos del Valle. “Cultivamos hongos comestibles, gírgolas y shiitakes, y observamos que, cuando descartábamos los bloques de producción, quedaban muy duros, con forma de ladrillo”, explicó. A partir de esa observación, comenzó a investigar trabajos científicos sobre el uso del micelio y los descartes agroindustriales en la elaboración de agromateriales.

La emprendedora señala que, cuando los rastrojos agrícolas se mezclan con el micelio, se obtiene un material ignífugo y con propiedades de aislación térmica. Para su producción utilizan paja de poroto cultivado en campos de General Güemes, un residuo que habitualmente se quema tras la rotación de cultivos. “Ahí se genera contaminación ambiental, por eso creemos que es clave producir cerca de los productores de poroto”, sostuvo.
Los primeros ensayos comenzaron en 2018. Su referencia fue la empresa estadounidense Ecoactive Mycelium Technology, que ya había iniciado investigaciones en este tema. Hoy es pionera en los biomateriales y se expande en todo el mundo.
“Elaboramos una especie de masa con parte del hongo y el sustrato. Se incuba durante 25 días y luego se coloca en moldes reutilizables. Tras otros 15 días de incubación, se forman los bloques definitivos”, detalló. Actualmente fabrican macetas compostables y esquineros para embalaje.

El aporte de su pareja y cofundador de Fungipor, Roberto Gómez Faure, es clave. Es el responsable del diseño de todas las soluciones de embalaje para los clientes y lidera el departamento de diseño. Su objetivo es convertir ideas en soluciones funcionales, sostenibles y estéticamente atractivas.
Fungipor fue seleccionado por Emprendé ConCiencia en 2021, un programa de la Fundación Invap que acompaña proyectos orientados a resolver problemáticas sociales o ambientales mediante la innovación científica. “Nos ayudó a salir del laboratorio y pensar el desarrollo a escala productiva”, destacó Malgraf.
El objetivo del emprendimiento es reemplazar el telgopor y otros plásticos de un solo uso. Cada vez más ciudades en el mundo prohíben el poliestireno expandido (EPS) debido a su impacto ambiental, especialmente en ecosistemas marinos. El telgopor (poliestireno expandido) es altamente contaminante debido a que deriva del petróleo, no es biodegradable y puede tardar entre 500 y 1000 años en degradarse.

Y en cuanto al plástico, la ONU difundió que cada año se producen en el mundo más de 430 millones de toneladas de plástico. Advierte que la contaminación podría reducirse en un 80% de acá a 2040 si los países y empresas implementaran profundos cambios de políticas y mercado utilizando tecnologías existentes. En este contexto, iniciativas como Fungipor representan una reacción necesaria.
El proyecto de Ayelén está orientado principalmente a la industria del packaging, aunque también podría aplicarse al diseño y la construcción, un aspecto que ha despertado interés entre potenciales inversores. “Nuestro modelo de negocio es B2B, apuntamos en un principio a medianas y pequeñas empresas, que quieran generar un cambio positivo en sus empaques, siendo una alternativa rentable y sustentable”, expresa Ayelén.
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