Por Daniel Pardo
Para Jennifer Romero, la bicicleta es libertad. También es una forma concreta de provocar alegría a niños y niñas que experimentan un sueño cumplido. Por eso, hace diez años, creó junto a su pareja, Diego Paulete, ‘Robando Sonrisas’, una iniciativa solidaria que recupera bicicletas en desuso para arreglarlas y entregarlas a quienes no pueden acceder a una. Más de 800 fueron entregadas ya en Río Negro.
El objetivo es mejorar la movilidad y la calidad de vida de familias que no solo carecen de recursos económicos para acceder a un medio de transporte, sino que además viven en zonas alejadas, con escaso acceso al transporte público y dificultades de conectividad.
“Muchos viven en lugares lejanos del centro urbano y se les complica llegar al trabajo o a la escuela. Los colectivos no pasan seguido, entonces dependen mucho de tener una movilidad”, explicó Jennifer. En Ingeniero Huergo y otras localidades del Alto Valle y la Línea Sur, cada bicicleta reparada se convierte en una herramienta clave para la vida diaria.

Lo que empezó como una idea pequeña fue creciendo con el tiempo. “Al principio pensábamos cómo íbamos a hacer para entregar diez bicicletas. Y un día superamos las 800”, recordó. Hoy el número sigue en ascenso: ya alcanzaron las 821 bicicletas entregadas.
Solo en lo que va de este año, el ritmo no se detuvo. “Llevamos 51 bicicletas entregadas, 31 solo en marzo. Es el mes más demandante porque los chicos necesitan ir al colegio o madres que tienen que ir a trabajar. Estamos muy felices”, contó Diego.
El trabajo es artesanal y sostenido. Diego, que practicó ciclismo durante años, aporta su experiencia en las reparaciones. El taller —heredado de su padre— fue el punto de partida, al que luego se sumaron herramientas y colaboraciones de bicicleterías de la zona. “Aprendí el rubro metiéndole mano”, dijo.

Pero el proyecto no es solo una tarea solidaria: es también una historia familiar. “Es muy lindo ver a mi papá, Mario, de 75 años, arreglando bicicletas junto a mi hijo Pier, que tiene tres y ya sabe inflar ruedas o poner aceite en las cadenas. Después las prueba con rueditas. Y está Roy, que tiene ocho meses. Esos momentos, junto a las sonrisas de los chicos, son lo más importante”, compartió Diego.
El motor de “Robando Sonrisas” va más allá de lo mecánico. “Cada carita te queda grabada. Es algo inesperado y muy lindo. ¿A quién no le gustó alguna vez andar en bicicleta?”, dice Jennifer sobre el momento de la entrega.
La iniciativa se sostiene, en gran parte, gracias a la solidaridad de la comunidad. “Es importante que la gente done. Antes de que una bicicleta quede tirada, nosotros la reparamos y le damos una nueva vida”, señaló. Además del impacto social, el proyecto también genera un beneficio ambiental: la reutilización de partes evita que esos materiales terminen como residuos en basurales.

El alcance de la iniciativa creció con los años. Ya llegaron a 14 localidades de Río Negro y el objetivo es seguir ampliando ese mapa solidario. “La idea este año es sumar más lugares para poder llegar con bicicletas recicladas a más chicos”, explicaron.
En 2022, “Robando Sonrisas” fue seleccionado entre los ocho finalistas del premio Abanderados, que reconoce a proyectos solidarios de todo el país que transforman la realidad de quienes más lo necesitan.
Para sostener y ampliar el trabajo, también abrieron nuevas formas de colaboración. “La situación económica es exigente, por eso sumamos un alias para donaciones”, señalaron. Quienes quieran ayudar pueden hacerlo a través de robandosonrisas26. La meta ahora es ambiciosa pero concreta: alcanzar las 900 bicicletas entregadas.

A pesar del crecimiento, el espíritu sigue intacto. “De chicos muchos soñábamos con tener una bicicleta. Algunos pudimos, pero muchos no. Queremos que, dentro de nuestras posibilidades, más personas puedan vivir esa experiencia”, aseguró Jennifer, siempre sonriente.













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